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INFORMACIÓN GENERAL
La Política colonizadora mexicana
en los siglos XIX y XX
Inmigraciones siglo XIX
Inmigraciones siglos XX y XXI
CATÁLOGO BIBLIOHEMEROGRÁFICO

MÉXICO MULTICULTURAL

 

POBLACIÓN INMIGRANTE

 

 

 

 

Luz María Martínez Montiel

(Este documento forma parte del texto Inmigración y Diversidad Cultural en México, publicado por la autora en el Programa México Nación Multicultural de la UNAM, México, 2005).

La historia de las inmigraciones en América Latina corresponde, en parte, a la del desarrollo de las fuerzas productivas, a la conformación de su población, de sus formas económicas, y en general, este enmarca el desarrollo de la cultura en su especificidad nacional.

Los procesos migratorios son parte de la historia que ha ido conformando las nuevas poblaciones de América.  Una vez descubierta ésta por los europeos, con fines de conquista, se define una primera categoría de emigrantes: los que impondrán su cultura a los conquistados.  En este primer momento, una cultura nativa se somete a otra invasora y extraña, pero a la vez ejerce sobre ella su influencia.  El mestizaje como signo característico de la colonización ibérica en América, no es más que el resultado del matrimonio violento entre el invasor y el invadido, de ahí que aparezca con signos de estigma y de ambigüedad.

En el mestizaje, la cultura material oculta el producto espiritual de la unión de dos extraños: vencido y vencedor.  La ambigüedad del mestizaje radica en que el vencedor, que ejerce el control político o militar, tiene el poder y los elementos con los que manipula las fibras sensibles que definen la vida no material de los hombres, creando en el conquistado un sentimiento de extrañeza ante su propia cultura. A su vez, este último, mediante esa misma vía de la cultura espiritual, ejerce una atracción e, incluso, una subordinación de su conquistador.

En México, el mestizaje biológico está inevitablemente enlazado al cultural y a los fenómenos de aculturación y sincretismo. Éstos no se dan solamente entre el español conquistador y el indio vencido, sino que abarca a los esclavos africanos que llegan a la Nueva España para contribuir con su fuerza de trabajo al crecimiento de las fuerzas productivas.  Aunque no aporten elementos de cultura material propiamente dicha, la influencia de los africanos en las representaciones colectivas fue de tal fuerza que, aunque cautivos, reducidos a mano de obra de las empresas coloniales, recrearon una cultura con los elementos de africanía y los que tomaron de su nuevo nicho natural y social.

Otro núcleo importante, pero que se ha tenido poco en cuenta en el estudio del proceso de composición de la población colonial, fue el asiático, que, sin constituir una inmigración forzada como el caso de los africanos, tuvo sin embargo una importancia señalada en lo económico y en lo social de la época, padeciendo un estigma que operó en su contra por el prejuicio y la discriminación.  A ello se debe que se haya negado a esta etnia el reconocimiento dentro del cuadro de elementos formativos de nuestro mestizaje y nuestra cultura.

En el siglo XIX y lo que va del XX, nuevos inmigrantes vinieron a América y se sumaron a la población de los territorios que ya eran independientes o estaban en su proceso de liberación.  Su incorporación a las sociedades mestizas tuvo vastas consecuencias culturales que nos obligan al estudio del proceso integrador de la interculturación en el pluralismo étnico.

El siglo XIX
Después de los siglos de coloniaje, -en los que muchas influencias europeas se incorporan -vía España- a la cultura colonial, el movimiento independentista inicia en México, como en otros países de América Latina, una etapa en que nuevas formas culturales surgen como resultado de un sentimiento de autonomía y una conciencia nacional cuya consolidación empieza al consumarse la Independencia.

Es entonces cuando la cultura receptora deja de ser dominada para convertirse en dominante.  A partir de ese momento, el pasado indígena emerge entrelazado con la herencia española.  El mestizaje se manifiesta como la categoría dominante.  Tanto los hombres como las costumbres son producto de mezcla, por ello la cultura mayoritaria es mestiza.  La composición étnica de la nueva nación, así como su genética cultural, está constituida por lo indígena y lo español y aquello que los otros núcleos, que por minoritarios son negados o desconocidos, también depositaron en el crisol mexicano. Negros y asiáticos fueron agentes de cultura y parte del nuevo mexicano, pero por estigmáticos subyacen en la realidad, ocultos en esa dicotomía mestiza indígena-española.  Esta negación persiste durante todo el siglo XIX, a pesar de que desde tres siglos atrás las castas fueron la base de la explotación colonial, prueba clara de la importancia en la economía y la sociedad de los negros.

En el siglo pasado, la integración étnica, en el nuevo sistema económico significó un cambio de ubicación respecto al pasado colonial.  Los indios, sin embargo, no salieron de su condición marginal y de hecho carecieron de las oportunidades que beneficiaron al resto de la población.  La mayoría mestiza se impone en las actividades sociales, políticas y económicas, En esta composición de la población el elemento criollo cancela formalmente su hispanidad pues se ha transformado, durante la Independencia, en mexicano.

El proceso económico, proyectado en términos de modernización, es la meta nacional que emprenden los hombres en el poder.  Los capitalistas criollos fueron los primeros agentes del avance de la industria mediante las inversiones.  Otros factores de producción, como el trabaja de la tierra, tuvieron que enfrentar todavía a las estructuras coloniales que permanecieron asociadas y vigentes con sus correspondientes sociales; en un país políticamente diferente, se mantenían algunos rasgos de la Colonia, debido a la persistencia de las instituciones europeas.1

Fuimos herederos de un sistema que duró cuatro siglos y que ni en lo económico ni en lo cultural terminó con la declaración de la Independencia.  Aunque Hidalgo, desde el 5 de diciembre de 1810, declaró abolida la esclavitud, liberó a las cartas del tributo y entregó a los indios las tierras, pasarían todavía muchas décadas antes de que el proceso de producción se encauzara hacia las metas anunciadas al comenzar la nueva vida nacional.

En la cuarta década del siglo -1842- se había logrado el incremento industrial; esa parte de la economía alcanzaba resultados notables; sobresalían los textiles cuyo consumo contribuía al mejoramiento de la agricultura, la ganadería, la cría del gusano de seda y otros renglones de la economía.  Al respecto los informes de la época son elocuentes.  Alamán, refiriéndose a las posibilidades de la industria, en 1842, se pronuncia por impulsarla decididamente:

Alamán no sólo se distinguió como político, ideólogo e historiador, sino también fue un decidido impulsor de las actividades industriales en México. A él se debe la creación del Banco de Avío... En el siguiente texto, leído a la Junta General de la Industria Mexicana. siendo Secretario General del Ramo, el 2 de diciembre de 1842, puede observarse el incremento industrial ocurrido de 1830 a la fecha.2

Paralelamente al desarrollo de la industria, el gobierno propuso la inmigración extranjera como una solución a la necesidad de poblar ciertas regiones y encauzar su desarrollo. Pero este criterio estaba asociado a muchos problemas que no sólo afectaban la vida económica, sino también la vida política nacional e internacional, la organización social y la cultura, en los procesos de formación de nuestra identidad.

La inmigración de gente de Europa y Norteamérica, debe ser fomentada para que se establezcan aquí, trayendo sus artes y sus ciencias.  Estos beneficios, un gobierno independiente, escuelas libres, y el matrimonio con europeos y anglosajones, cambiarán el carácter del pueblo y lo harán ilustrado y próspero.3

Desde los primeros gobiernos independientes, las disposiciones para atraer inmigrantes fueron diversas y constantes, pero una serie de factores endógenos y otros de orden internacional no permitieron concretar el panorama migratorio hasta las dos últimas décadas del siglo XIX.  A pesar de esto, los documentos de la época, desde mediados del siglo, señalan la presencia de 30 a 40 000 extranjeros en una población total de poco más de ocho millones, de los cuales cuatro millones eran indios, un millón blancos y tres millones cuatrocientos mil mestizos, con lo que se confirma que estos últimos fueron la mayoría a la cual se incorporaron los criollos, durante el nuevo proceso nacional.

Mestizos y blancos fueron las dos categorías de la sociedad independiente; lo indígena, aunque no excluido, se ve privado de oportunidades para competir en ella.  De hecho, ésta es una consecuencia de la ubicación que tenían los indios en la producción colonial en la que participaban como sector dirigido; esta condición impidió el cambio de sus relaciones con los otros sectores de la población.  El menosprecio por el indio y por su capacidad para el trabajo, y su poco desarrollo en otros campos de la cultura, hace camino a la idea muy temprana de que había que hacer venir a los extranjeros “para mejorar las cosas”:

La aparición desde un principio de la idea de la inmigración como política nacional,  tiene relación con el optimismo general de los criollos y con su idea de cuáles eran las necesidades específicas de la nación. Pensar que la presencia de tal idea era sorpresiva e inesperada, sería aceptar la creencia de muchos criollos de que la historia de México, a partir de 1821, fue una ruptura dramática y definitiva con un triste pasado. Sería una visión demasiado simplificada de la colonia al aceptar que la actitud española hacia la inmigración fue inflexible durante los tres siglos de dominación.4

La expulsión de los españoles en 1826-1833, impide que esta etnia crezca; el clero mismo en defensa de sus intereses ataca la inmigración; la importancia de esta última era tan escasa en los años 1815-1827 que el número de extranjeros en este periodo es de 600 y 900 por año. Pasadas unas décadas, en 1860, los españoles eran 25 000, había 6 000 franceses, 9 000 alemanes, 6 000 ingleses y apenas 100 norteamericanos. la característica de estos extranjeros era, por lo demás, la de una población eminentemente urbana; además de los mencionados, en las ciudades de México había italianos, belgas, suizos, etc., todos en número reducido.

La preponderancia en la cultura de los rasgos españoles se debió en gran medida a que los criollos, herederos del país, retuvieron la propiedad de las minas, la tierra y otros medios de producción. Si bien rechazaron el mando de los peninsulares, eran, pese a todo, españoles, con apego a sus costumbres y a su origen; también mantuvieron el dominio sobre los demás estratos étnicos porque el poder del nuevo gobierno estaba en sus manos. algunos autores piensan incluso que esta situación fue la base sobre la que pudieron edificar la alianza económica y étnica con la ex metrópoli, para desarrollar de nuevo la inmigración española en México.    

Otros criterios que influyeron en la política colonizadora esgrimieron hábilmente como argumento las condiciones geográficas y climáticas que propicia la colonización, de suerte que fueron determinantes para los programas de asentamiento en algunas regiones; se emitieron las leyes de naturalización (1828), se concedió a los extranjeros la facultad de tener propiedades (predios rústicos), se concedieron pasaportes de entrada y salida (1829).  En cambio, se prohibió el comercio ambulante a los extranjeros (1842), también la pesca, el ejercicio de cargos públicos, etc. Mientras, por otra parte, se libraban luchas internas entre fuerzas políticas animadas por ideologías que proponían caminos antagónicos en el proceso independiente recién alcanzado.

Se aceptaba ampliamente la idea de que los mexicanos debían dirigir la inmigración (década de 1820-1830) extranjera hacia las regiones fronterizas de la República.  Lucas Alamán, importante figura conservadora de la política mexicana, historiador y hábil estadista, compartía esa preocupación por el destino de las despobladas fronteras.  Sus observaciones como ministro de Estado en esa década, muestran la esperanza de que aquellas tierras y sus habitantes pudieran ser colonizados por agricultores europeos.5

La organización política fue de hecho el quehacer general del siglo XIX; los primeros pasos en este terreno se dan con la primera Constitución de 1824, el intento de reforma de 1833, las leyes orgánicas de 1842, y así hasta llegar a la Constitución de 1857.  Los movimientos armados cambiaron la escena política varias veces y su acción afectó en mayor o menor medida la unidad de los mexicanos que se debatían entre las dos formas extremas. el tradicionalismo y el modernismo. En esta pugna de intereses e ideologías, los extranjeros, aunque involucrados, no tuvieron el imperativo de participar de manera organizada, por estar ajenos a un proceso en el que se enfrentaban sectores de la mayoría criollo-mestiza.  La presencia evidente y creciente de los extranjeros planteó al país la necesidad de establecer una legislación que controlara a este sector dentro de los límites de la legalidad.  De esta manera surgieron algunas leyes.

La Constitución de 1857. Estableció igualdad de derechos civiles y garantías individuales para mexicanos y extranjeros, (Las intervenciones extranjeras deben verse, en este contexto, como un factor exógeno que no tiene relación -aunque sí lo afecta- con el proceso interno de integración étnica de 1836, 1847, 1861 y 1864.)

La política de colonización tiene a finales del siglo (1883) su expresión legal en las leyes sobre enajenación, deslinde y ocupación de terrenos baldíos.  Estas leyes, aunque señalaban diferencias, favorecían a nacionales y extranjeros que quisieran instalarse como colonos en las regiones de desarrollo.  Estas facilidades, y otras más, para atraer inmigrantes consiguen convencer a algunos extranjeros que conforman los primeros núcleos de familias para instalarse en calidad de colonos: italianos, rusos, japoneses, franceses, alemanes.

Ley de Extranjería y Naturalización de 1886.  Reconocía la calidad de mexicanos a los nacidos en el territorio nacional, de padres mexicanos de nacimiento o por naturalización, y a los hijos de madre mexicana y de padres ignorados o de nacionalidad desconocida, o nacidos fuera de la República, de madre o padre mexicano y padre desconocido, y a extranjeros que se naturalizaran conforme a esa ley.

La primera fuente de consulta para conocer la presencia de los extranjeros en México es la de los censos, que en un primer momento no sólo los cuenta numéricamente sino que también caracteriza, desde el punto de vista económico y aun cultural, a todos aquellos residentes en el país.

En la iniciativa que presenta Manuel María Zamacona a la Cámara de Diputados, el 4 de diciembre de 1880, para crear la Dirección de Estadística Nacional... El 26 de mayo de 1882, se creó en la Secretaría de Fomento una Dirección General de Estadística, que debía compilar, clasificar y publicar periódicamente los datos recabados en todo el país... Por lo que se refiere al censo de la población, debería clasificar a los habitantes por sexos, edades, nacionalidades, profesiones, oficios y grados de instrucción... El reglamento de la Dirección General de Estadística fue expedido el 10 de junio de 1883 como coronación de los trabajos anteriores... El primero de enero se expidió un nuevo reglamento con pocas enmiendas importantes, como el registro de entrada y salida de extranjeros y el nombramiento de inspectores que visitaron periódicamente las oficinas estadísticas de los Estados y Municipios.6

Para lograr la naturalización se requería:

Artículo 30[constitucional) II.- Son mexicanos por naturalización:
a)  Los que nacieron de padres extranjeros dentro de la República, si al mes siguiente a su mayoría de edad no manifestaron ante la Secretaría de Relaciones Exteriores su propósito de conservar la nacionalidad de origen.

b)  Los extranjeros que teniendo modo honesto de vivir e hijos nacidos de madre mexicana o naturalizados mexicanos, manifiesten a la Secretaría de Relaciones Exteriores su propósito de quedar también nacionalizados.

c)  Los que hubieran residido en el país cinco años consecutivos, tengan modo honesto de vivir y obtengan carta de naturalización de la Secretaría de Relaciones.

En los casos de esta fracción y de la anterior, la ley determinará la manera de comprobar los requisitos que en ella se exigen.7

Las primeras colonias coinciden con el despertar económico de México.  Las inversiones extranjeras ya tenían su centro de actividad en la construcción del ferrocarril, la explotación de minas, la de maderas y las diversas plantaciones de café, tabaco, etcétera.  A fines de 1877, de acuerdo con Francisco Maza, jefe del entonces nuevo Departamento de Terrenos Baldíos de la Secretaría de Fomento, el volumen de denuncias sobre estas tierras (importante porque fueron las que se utilizaron para la construcción de vías ferroviarias) empezó a incrementarse sorprendentemente.  El nuevo régimen había otorgado un número sin precedentes de concesiones ferroviarias a partir de las postrimerías de aquel año, Maza atribuyó el creciente interés por los terrenos baldíos a la inauguración del régimen porfirista:

con el nuevo régimen, el espíritu de empresa se reanimó y con él, el deseo de adquirir terrenos.

Las mayores denuncias de terrenos baldíos en este periodo, se hicieron al norte del país en los estados de Sonora y Coahuila.  En Sonora, subieron de poco más de 2 000 hectáreas en 1875, a cerca de un cuarto de millón en 4886 y 1888.  Un ejemplo fueron las ventas de terrenos baldíos en Sonora, que reflejan fielmente la historia del ferrocarril en ese estado.  La primera concesión se expidió a mediados de 1875.  Las denuncias subieron de 2 126 hectáreas en ese año, a 29 225 en 1876 y a 30 639 en 1877.8

La participación de los extranjeros en cuanto al desarrollo económico, fue continuada, puesto que ellos eran el capital, la mano de obra especializada y los colonos.  De estas primeras oleadas, las más significativas por su número y ubicación precisos fueron las colonias de chinos en el norte, noroeste y sureste del país; las de japoneses y alemanes en Chiapas, la de los italianos en Chipilo.  Además de estos colonos, otros extranjeros administraban el capital de las inversiones: norteamericanos, ingleses, etc.  Otros más, proporcionaban el auxilio técnico a las empresas.  La población extranjera en general se dividía en dos, europeos y norteamericanos:

... un nuevo grupo de raza ha venido en los últimos años a incorporarse a los que ya existían y que han sido tan difíciles de gobernar: el grupo norteamericano.  Era natural que el desarrollo de los negocios y la propiedad de los criollos nuevos, tuvieran por consecuencia forzosa la atracción de muchas y cada día más numerosas unidades extranjeras, y de muchos y cada vez más cuantiosos capitales; y más natural era, todavía, que en la corriente de aquellas unidades extranjeras, y de estos capitales cuantiosos, sobresaliera la procedente de Estados Unidos, una vez que por la llanura de la altiplanicie interior vinieron las grandes comunicaciones que vencieron los desiertos de nuestra frontera septentrional.  Así ha sucedido en efecto, y la influencia de] grupo recién venido comienza a hacerse sentir.  Ahora el elemento extranjero... sensiblemente está divido en dos grupos: el de procedencia europea y el de procedencia norteamericana.9

Otros inmigrantes llegaron en pequeños grupos familiares: los judíos y árabes que salieron de Siria, Líbano y Turquía, como consecuencia de la opresión del Imperio Otomano.  Pertenecen a la dispersión mundial de la población de esa parte de Asia que ambicionaba ir a los Estados Unidos y tomó como estación de paso a México.  Desde su llegada estos inmigrantes se dedicaron al comercio, y la mayoría de ellos no persistieron en su intento de ir a los Estados Unidos y se instalaron en diferentes ciudades del país.
El siglo XIX en México no fue periodo de grandes movimientos demográficos internos; la densidad de población era escasa y preocupaba a los gobiernos independientes; la actividad política y la consolidación de los grupos en el poder ven transcurrir todo el siglo, mientras la demografía no se ve alterada notablemente, La presencia de los extranjeros en México refleja, en parte, una serie de condiciones que se derivan de la situación colonial.  Los antecedentes de la presencia europea en México están en el flujo cultural que recibimos por conducto de España, lo francés, lo alemán, lo italiano.

Durante la Independencia, y después de ella, la influencia europea no desaparece como presencia.  Solamente cambia su papel y su importancia está relacionada con los nuevos problemas que se plantean al quedar en parte vacío -pues no todos se van- el lugar de los españoles, De hecho, en el nueve conjunto social, los criollos antiguos son los nuevos hacendados, la industria, el comercio y la banca corresponden a los nuevos criollos y a los inmigrantes capitalistas; los mestizos ocupan los puestos de empIeados, profesionales, pequeños comerciantes y agricultores, y los indígenas son el proletariado agrícola y los jornaleros, El problema de fondo en el periodo de la Reforma es el de la transformación del régimen de la propiedad colonial; este cambio es totalizador, en él quedaron implicados todos los sectores económicos y todas las clases sociales.  "Entre las unidades extranjeras que han traído los criollos nuevos, los de procedencia europea, por afinidades de origen y de carácter, se han unido a dichos criollos nuevos”.10

Algunos autores definen la lucha por el poder durante el periodo postindependiente como la lucha entre los criollos y mestizos que está precedida de un periodo de desintegración, el cual persiste hasta el Plan de Ayuda en 1856 (Juan N. Álvarez no logra encauzar claramente una oposición criollo-mestiza).  Como resultado de las relaciones y deudas contraídas con el exterior, la presencia extranjera toma la forma de intervención (1861: se decretó la suspensión del pago de la deuda exterior, que originó la convención de Londres), dando lugar a la lucha contra la intervención francesa (1861: los Tratados de la Soledad; 1862, la Batalla del 5 de Mayo; 1864-1867, el Imperio de Maximiliano).  En ella se mezclan los signos de la imposición -fomentada desde México que implica una aceptación de la cultura intervencionista- y los signos de rechazo, como respuesta de las fuerzas nacionalistas. Desde nuestra Independencia, toda presencia extranjera que recuerde el trauma colonia¡ produce una reacción de afirmación nacionalista junto a la figura representativa de esta posición que es Juárez, el presidente liberal.  Aunque Maximiliano y Carlota eran también liberales, representaban sin embargo la intervención extranjera, y no pudieron conciliar con el liberalismo mexicano.  Antes de esta intervención y desde el siglo XVIII, hay antecedentes de la presencia francesa; los virreyes de Nueva España hacían llegar a sus dominios a un séquito formado de profesionales especializados; en las fuentes de Ia época encontramos médicos, orfebres, impresores, peluqueros, sastres, que extienden sus servicios a los oficiales del virreinato.  De Louisiana, después de la Guerra de los Siete Años, en la que España pierde este territorio, se desplaza un cierto número de franceses.  Su presencia explica ciertos apellidos e influencias que notamos más tarde en el siglo XIX; algunos franceses llegan al final de las guerras napoleónicas y se instalan en el estado de Veracruz, otros forman parte en la fundación de Tampico, según algunos textos.

Así, en el otoño de 1861, Napoleón III no sólo había decidido en principio la intervención, sino que, incluso, había aprobado ya la candidatura del príncipe que ocuparía el trono de México.  Y sin embargo, es sabido que la primera etapa de la intervención no sólo corría a cargo de Francia, sino del bloque formado por estos tres países: Inglaterra, Francia y España. Además es sabido que, pese a sus grandes deseos de intervenir en los asuntos de México, Napoleón III no se decidió a actuar sin estar seguro antes de contar con la conformidad y el apoyo de Inglaterra.  Así se lo dijo abiertamente  en la primera entrevista que tuvo en Compiègne.11

Y efectivamente, en 1860-1861, la diplomacia británica elaboró tres proyectos de intervención; de Inglaterra y Francia, primero, y de Inglaterra, Francia y España, después, los dos primeros, propuestos en febrero y septiembre de 1860, sugerían la intervención con el pretexto de 'mediar' entre los liberales y los conservadores para 'poner fin a la guerra civil' y salvar así la reacción mexicana de la derrota y asegurar la dominación posterior de México por capital anglo-francés.  Después de la aprobación de] decreto del 17 de julio de 1861, por el Congreso Mexicano, se intensificó aún más la actividad antimexicana de los gobiernos inglés y francés.12

En 1821 llegan los contingentes de una inmigración francesa a quienes se les conoce como, los barcelonettes; su integración económica se dio en el sector de la banca y la industria; estas actividades estuvieron precedidas de otra que fue el comercio.  En 1833, se fundó otra colonia de franceses de Borgoña también en Veracruz,

Cuando la expedición francesa llegó a México y tuvo conocimiento de la existencia de estas colonias, encuentra a los habitantes identificados con la causa de los liberales mexicanos, que a la vez influyen para que se produzca la gran deserción en las filas del ejército francés a partir de 1862, antes del sitio de Puebla.

Al norte del puerto de Veracruz, cerca de Nautla, el doctor (Juan Luis Chavert, médico francés que estaba al servicio del Gobierno Mexicano) poseía tina propiedad en las costas del Golfo.  Al saberlo el colonizador (Stephane o Etiènne Guénot, ex oficial del ejército francés), nació en él la idea de ser vecino del doctor Chavert, y resueltamente se dirigió al puerto de Nautla y a Jicaltepec donde compró una gran extensión de tierras... por la suma de $800.00. Según historiadores, el señor Guénot los compró a un señor Gregorio Montoya, vecino de Jicaltepec.

El nuevo propietario, naturalizado mexicano, regresó a Francia para hacer la propaganda necesaria en la antigua Borgoña, su provincia natal, y buscar los pobladores de la comunidad, No fue tarea fácil arrancar a los campesinos franceses de sus viñedos que poseían y cultivaban de padre a hijo durante tantos años, Sin embargo, el 24 de abril de 1833, en la ciudad de Dijon, firmó un contrato con los accionistas que había logrado encontrar, y se constituyó la primera sociedad colectiva con las ochenta personas de ambos sexos que Guénot había reunido, los que se obligaron a vivir nueve años en México, con un salario para los hombres de 300 francos al año, y de 175 para las mujeres, aparte del mantenimiento general... En el mes de septiembre del año de 1833 arribaron a Veracruz; más tarde a Nautla, a la desembocadura del río del Palmar.13

En el periodo que sigue a la Independencia de México, una amplia gama de elementos étnicos implica la diversificación de modos de vida, técnicas y profesiones.  Se configuran costumbres, alimentación y mentalidades, con lo cual se dinamiza la actividad de nuestro país recién nacido a la vida nacional.  A lo largo del siglo XIX, la organización de la sociedad, antes colonial y de castas, cambia.  Gracias a la inmigración los técnicos de las minas, de las fundiciones y del trabajo de vidrio y los textiles abren nuevos campos y fuentes de economía. En las artesanías, los joyeros, ebanistas, grabadores, pintores, peleteros y otros, hacen posible la expansión de la vida material y el confort de las clases acomodadas.  Los médicos, ingenieros, profesores, arquitectos y otros profesionales encontraron en México campo fértil para realizar todo tipo de actividades renovadoras y modernas.  Su aportación fue de gran importancia en el siglo de la Independencia; los historiadores que analizan los factores del desarrollo económico nos dicen:

La base y fundamento del poder real de las sociedades es la agricultura, ya sea considerada como el principio vital de la población, ya corno el origen material de la industria y la fuente inagotable del comercio, que constituyen la esencial riqueza y la fuerza verdadera de las naciones.... de los progresos de la agricultura o industria agrícola dependen inmediatamente los adelantos de la industria artificial y fabril que es aquella que enseña al hombre, después del aprovechamiento del reino vegetal, a servirse de los rendimientos y riquezas de los reinos mineral y animal.

Más adelante, ocupándose de otros sectores de la economía, añaden:

La industria mineral de México, a pesar de sus adelantos en cuanto a los metales preciosos, está muy distante de su prosperidad relativamente a los metales comunes y los fósiles necesarios a los procedimientos de las artes industriales y a la competencia de los artículos exportables.  La ninguna explotación de unos, como el hierro y el cinabrio, y la mezquina de otros, como el cobre, estaño, plomo, el vitriolo, el alumbre, azufre, nitro, potasio y otros...14

Respecto a la integración de los extranjeros a la vida de México, don Andrés Molina Enríquez escribe:

colocación estratigráfica del elemento extranjero y de los grupos que la componen, el elemento de raza colocado más arriba, la casta superior, es en realidad ahora el elemento extranjero no transformado aún, y dentro de ese elemento, dividido como está en dos grupos, el norteamericano y e europeo, está colocado como superior el norteamericano... el elemento extranjero tiene entre  nosotros el carácter de huésped invitado, rogado, y recibido como quien da favor y por su parte no lo recibe.  De allí que nos esforcemos en hacerte grata su visita, con la esperanza, por una parle, de los provechos que de esa visita nos resulten, y por otra, de que esa misma visita dé por final resultado la definitiva incorporación del huésped a nuestra familia nacional.15

Precisando las características étnicas de cada sector, Enríquez dice:

El grupo de los profesionistas es el grupo sucesor de uno de los formados por los mestizos amparados por la Iglesia, durante la época colonial, y separados de ella a raíz de la Independencia-. es el grupo sucesor del mestizo educado por los institutos.  El grupo de los profesionistas, si no de la misma cultura general que el elemento extranjero, que el de los criollos, es de gran fuerza intelectual, y ejerce una influencia poderosa sobre los demás grupos del elemento mestizo y sobre el elemento indígena.  Está igualmente sometida a las leyes, y reconoce y acata plenamente la autoridad del grupo director.16

A fines del siglo que nos ocupa, se registra la llegada de los inmigrantes de Extremo Oriente; chinos y japoneses ingresan al país en número relativamente considerable.  La inmigración china estuvo, como ya se dijo, desde el principio estigmatizada por el prejuicio y fue blanco de la xenofobia.  Desde que en 1874 los Estados Unidos restringieron la entrada a los chinos, tanto éstos como los japoneses eran transportados e introducidos clandestinamente a territorio mexicano. En estas condiciones trajeron también grandes epidemias que obligaron a nuestro gobierno a tomar medidas restrictivas contra los asiáticos, En 1903 se forma una comisión especial para estudiar los aspectos de la inmigración asiática y lo que convenía hacer el respecto.  Anteriormente, en 1874, ya había viajado otra comisión que visitó China y Japón y en su informe recomendó la inmigración japonesa.  Con este antecedente, treinta años más tarde la nueva comisión ratifica su rechazo a la inmigración china.  La xenofobia oficial argumentaba que los chinos tenían "costumbres repugnantes" y eran portadores de "lacras físicas".  En estos años México firma un primer tratado con Japón que ampara el ingreso de los colonos agrícolas, inmigrantes libres y técnicos contratados.

El Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, firmado entre México y Japón el 30 de noviembre de 1888, hizo posible la inmigración de los japoneses en la República Mexicana... Un análisis de las estadísticas japonesas y los censos mexicanos permite considerar como fecha de iniciación de la emigración japonesa a México el año de 1892.  Sin embargo, existe la posibilidad de que hayan emigrado con fecha anterior, ya sea en forma directa al país o indirecta por las fronteras de los Estados Unidos o por Guatemala, pero hasta ahora no se han localizado documentos que lo fundamenten.17 

Las estadísticas japonesas registraron la emigración anual de sus súbditos a partir del año 1868, indicando con relación a México, como fecha oficial del año de 1892, 39 migrantes; 1896, 15 migrantes, dando un total de 98 migrantes para el periodo 1892-1896.18

 Después de la muerte del presidente Juárez en 1872, el gobierno de Lerdo de Tejada no pudo contener los embates de las fuerzas que querían recuperar sus privilegios.  Porfirio Díaz se perfilaba como caudillo en la lucha por el poder; cuando lo consigue, en 1876, México entra en el periodo de la dictadura, durante el cual la industria, el comercio y en general las riquezas nacionales pasan a manos del capital extranjero.

En este cuadro aparece la contradicción fundamental del México de hoy: el desarrollo económico no hubiera podido realizarse sin la vinculación al proceso mundial del capitalismo, lo cual tiene implicaciones de índole social. En los procesos de desarrollo esto significa, por una parte, el sometimiento a las fuerzas mundiales; por otra, la confluencia de ideas y la gestación de los movimientos revolucionarios.  Los mismos factores que hacen posible el avance de la tecnología, el arte, la ciencia, en un momento dado dan origen, amparan y hacen madurar las ideologías liberadoras, que son las que al final derrotan al sistema que las oprime.  Por otro lado, podemos apreciar que todos esos extranjeros: artistas "exóticos", militares, gente de diversas creencias, comerciantes que recorrían todos los caminos, introdujeron nuevos modos de vida que renovaron los que ya existían creando al mismo tiempo formas de cultura híbridas.

Durante la dictadura de Díaz, el capital inglés y el norteamericano tuvieron un sitio privilegiado; la extracción de la plata, el cobre y el oro estaban en sus manos.  La extracción del petróleo y del carbón, el comercio exterior, la propiedad de las empresas de la construcción de vías férreas, proyectadas para el transporte de los productos nacionales destinados al exterior, también estaban controlados por ellos.  El desarrollo del capitalismo hizo crecer a los dos contrarios fatales: burguesía y proletariado.  Hasta el día de la Revolución mexicana, los proveedores de la mano de obra barata de las empresas capitalistas eran la masa de campesinos sin tierra que correspondían en 90% a la población rural, conformada ésta, principalmente, por indígenas y mestizos.  Los indígenas además eran explotados y discriminados en los obrajes y en las minas.  Esta explotación garantizó sus objetivos cuando se perpetró el despojo “legal”  de tierras que pertenecían a los indígenas, Entraron en posesión de ellas las sociedades extranjera y los terratenientes.  Los antecedentes de estas medidas fueron las reformas del siglo XIX que tuvieron como consecuencia la reafirmación de la propiedad privada de la tierra.

En su ensayo sobre algunos aspectos económicos y sociales de México, Y G. Mashbits indica:

La formación de las naciones comenzó en América Latina desde el periodo colonial.  El desarrollo del capitalismo, así como las luchas por la liberación nacional y la conquista de la independencia, aceleraron el proceso de formación de las naciones en América Latina.  Pero este proceso no debe ser limitado a determinados límites históricos; en los países latinoamericanos, ese proceso sigue su curso aún en la actualidad y se entrelaza ahora con el desarrollo del capitalismo en amplitud y profundidad y con la asimilación de diferentes grupos étnicos.  En este sentido resulta de sumo interés el análisis científico de los diferentes aspectos de la formación y la consolidación de la Nación mexicana, especialmente si se toma en cuenta lo específico de la historia de México, el entrelazamiento complejo de diferentes elementos étnicos, las diferencias materiales y económicas internas que son esenciales, la inmediata vecindad con Estados Unidos.19

Ampliando su reflexión a la economía enfatiza:

El estudio de los problemas económico-sociales de México tiene una cierta importancia metodológica y tipológica.  El México contemporáneo es un tipo de país atrasado en un sentido económico que dentro de su evolución capitalista y en medio de un papel activo del Estado Burgués, ha logrado ciertos éxitos en el desarrollo de su economía.20

Por su parte, V. Ermolaev considera que: "El periodo de la Dictadura de Porfirio Díaz fue el periodo de la conversión de México en una semicolonia del imperialismo.  El capital extranjero tomó en sus manos las riquezas nacionales y sujetó bajo su control a la industria y al comercio.21 Abundando sobre la penetración norteamericana asegura:

El imperialismo que más se apresuró a penetrar en México fue el norteamericano. Para finales de todo el periodo gubernamental de Porfirio Díaz las Inversiones de capital de Estados Unidos en México alcanzaron la cifra de mil millones de dólares, mientras que los capitales ingleses no pasaban de los 350 millones de dólares. Estados Unidos se apropió de los recursos petrolíferos de México, se afianzó en la minería y en un noventa por ciento puso bajo su control al comercio exterior. En manos de los capitalistas norteamericanos e ingleses se concentró casi toda la extracción del petróleo, carbón, plata, cobre, oro.  El peso específico del capital mexicano en la industria era insignificante.                            

También la propiedad de la tierra pasa a manos de ingleses y norteamericanos:

Los capitalistas anglo-norteamericanos se apoderaron en México de enormes extensiones de tierra.  Solamente 269 dueños extranjeros (en 1910) tenían 32 millones de hectáreas de tierra, es decir, el 16.2 por ciento de todo el territorio del país.  A una sola compañía norteamericana que trabajaba en Sinaloa pertenecían en este Estado 500 mil hectáreas.22

En cuanto a los beneficios de algunas infraestructuras se puede ver que:

Durante el periodo de la dictadura de Porfirio Díaz el capital anglo-norteamericano emprendió una febril actividad en la construcción de las líneas férreas, que servirían para asimilar las riquezas naturales de México y lograr un transporte más barato de los productos mexicanos destinados al exterior.  La construcción de ferrocarriles por las compañías de Estados Unidos e Inglaterra trajo consigo la subordinación y el sojuzgamiento del pueblo mexicano, pero al mismo tiempo fomentó el desarrollo del capitalismo.  Nuevas clases sentaron sus reales: la burguesía y el proletariado.23

Durante el porfiriato se celebraron los tres primeros censos nacionales, 1895, 1900 y 1910, de los que no hay información acerca de su organización; tardaron cuatro años en publicarse; el de 1910 se imprimió en 1912 y 1920.  Durante la Revolución, todas las estadísticas se vieron afectadas en su recopilación. Un cuarto censo, el de 1920, pues debía publicarse cada diez años, tuvo serios problemas por la reducción del personal y la falta de preparación del mismo, el asesinato de Carranza, el cambio de autoridades, la incomunicación de muchas poblaciones y la falta de cooperación de autoridades locales24".

Además de los capitalistas y la mano de obra calificada, desde 1906 hasta la tercera década de nuestro siglo, México recibe oleadas de inmigrantes procedentes de varios países de Europa, Siria, Turquía Y Líbano.  En su mayoría son continuación de los desplazamientos que se habían iniciado a finales del siglo pasado. Árabes, libaneses y judíos europeos llegaron en grupo o familias huyendo de las presiones políticas y religiosas, en busca de mejores condiciones de vida.  Los que llegaban a México eran parte de esa emigración desviada que, por restricciones legales del gobierno norteamericano, no llegaron a su destino.

Como ya indicamos, se dedican en su mayoría al comercio, lo que favorece la ampliación de los mercados nacionales.  Con el sistema de abonos hacen circular los productos a lo largo de todo el territorio nacional y contribuyen a la satisfacción de ciertas necesidades que las zonas rurales hasta entonces no habían podido alcanzar.  Tanto judíos como libaneses encuentran a algunos de sus paisanos o descendientes que vinieron en el siglo pasado; éstos, aunque conservaban su identidad de origen, no estaban propiamente organizados en comunidades.  Los pequeños comerciantes ambulantes alcanzan una movilidad social extremadamente acelerada; en la misma generación y en pocos años se establecen en comercios y de inmediato pasan a las industrias. Los hijos de estos inmigrantes pueden prepararse como profesionales, técnicos, artistas y empleados, gracias a la seguridad económica que les proporciona la generación pionera.  El número de extranjeros ha sido siempre impreciso debido a que:

Hasta finalizar el siglo XIX la historia demográfica en México se basa, principalmente, en estimaciones, La Dirección General de Estadística fue fundada el 26 de mayo de 1882 como una dependencia de la Secretaría de Fomento.  Durante el porfiriato se celebraron los tres primeros censos nacionales (1895, l900 y 1910) con el triple carácter de generalidad, uniformidad y simultaneidad, propia de estos trabajos.25

Ya en este siglo parece haber una preocupación mayor no sólo por cuantificar a los extranjeros sino también por establecer su situación legal:

Ley de 1908.  El Ministerio de Gobernación presentó un proyecto de ley de inmigración el 21 de noviembre de 1908, en el que se establecía la más completa igualdad de todos los países y de todas las razas. Ese proyecto se inspiraba en la legislación norteamericana, excepto en la igualdad, porque, se dijo, la situación de México era distinta.  Las comisiones dictaminadoras, en efecto, aseguraron que Estados Unidos hacía bien en prohibir la entrada a los asiáticos, y México en aceptarlos, porque sus condiciones eran diametralmente opuestas; la iniciativa de México era mucho muy (sic) liberal, pues apenas establecía restricciones para evitar la introducción de personas atacadas de enfermedades transmisibles y de elementos inútiles y de anarquistas.26

La Revolución mexicana (1910) significa el enfrentamiento de los sectores burgués y proletariado agrícola, que se desarrollaron durante el periodo postindependiente y que se definen durante la dictadura de Díaz como campos antagónicos.  No obstante este enfrentamiento, el proceso capitalista no se interrumpe; de hecho, el movimiento revolucionario está orientado a las reivindicaciones de los campesinos.  El movimiento obrero ya había surgido con las huelgas de fines del siglo XIX, pero mientras los protagonistas de la Revolución eran los campesinos mexicanos, los autores de las huelgas obreras fueron descendientes de europeos inspirados en la ideología socialista o anarco-sindicalista, ligados a las organizaciones obreras internacionales.  En relación con la demografía de los sectores que componían la población de México:

Según el censo de población de 1910, había en el país 840 hacendados, 411 096 personas clasificadas como agricultores, y 3 096 827 jornaleros del campo. La población total de México ascendía a 15 160 369 habitantes, La cifra relativa a jornaleros del campo no puede servir para calcular con exactitud matemática el número de familias campesinas, porque en algunas de ellas trabajaban y trabajaba el padre y los hijos mayores, clasificados todos como jornaleros; pero sí es útil para estimar el número de individuos que dependían del salario rural y que cabe estimar en 12 000 000, o sea, aproximadamente el 80% de la población... Los 840 hacendados, sin lugar a duda, sí estaban clara y perfectamente clasificados por el censo.  Eran los dueños de la mayor parte del territorio nacional.  Uno de ellos, el general Terrazas, poseía en el norte millones de hectáreas, seguramente el propietario individual de más extensas tierras en cualquier país y en todos los tiempos.  Por eso, cuando alguien preguntaba si Terrazas era del Estado de Chihuahua, la respuesta era: no, el Estado de Chihuahua es de Terrazas.”27

En relación con lo anterior, Contreras concluye: "El latifundio ha sido siempre y en todas partes negación de progreso, llaga social y explotación de millones de parias por unos cuantos privilegiados."28 La minería y el latifundismo extranjero parecen tener una relación estrecha:

Cananea es una ciudad productora de cobre del Estado de Sonora, situada a algunos kilómetros al sur de la frontera con Arizona.  La fundó M. C. Greene, quien obtuvo del gobierno de México, a muy pequeño o ningún costo, varios millones de hectáreas a lo largo de la frontera.  En las minas de cobre de Cananea estaban empleados seis mil mineros mexicanos y unos seiscientos norteamericanos.  Greene pagaba a los primeros exactamente la mitad de lo que pagaba a los segundos... Han surgido algunas dudas y discusiones sobre el motivo que precipitó la huelga.  Algunos dicen que se debió al anuncio de un capataz de la mina en el sentido de que la compañía había decidido sustituir el sistema de salarios por el de trabajo por tareas.  Otros afirman que la precipitó Greene al telegrafiar a Díaz en solicitud de tropas a raíz de una demanda de los mineros de un salario de X pesos diarios.29

Kenneth Turner, quien hace una consideración de los trabajadores, escribe:

En México no hay leyes de trabajo en vigor que protejan a los trabajadores; no se ha establecido la inspección de las fábricas; no hay reglamentos eficaces contra el trabajo de los menores; no hay procedimiento mediante el cual los obreros puedan cobrar indemnización por daños, por heridas o por  muerte en las minas o en las máquinas. Los trabajadores, literalmente, no tienen derechos que los patrones estén obligados a respetar.  El grado de explotación lo determina la política de la empresa... Además de esta ausencia de protección por parte de los poderes públicos, existe la opresión gubernamental; la maquinaria del régimen de Díaz está por completo al servicio del patrón para obligar a latigazos al trabajador a que acepte sus condiciones.

La situación crítica de los trabajadores es la raíz de la lucha de éstos:

... los seis mil trabajadores de la fábrica de Río Blanco no estaban conformes con pasar 13 horas diarias en la compañía... sobre todo con salarios de 50 a 75 centavos al día.  Tampoco lo estaban con pagar a la empresa, de tan exiguos salarios, $2.00 por semana por concepto de renta por los cuchitriles de dos piezas y pisos de tierra que llamaban hogares, la moneda en que se les pagaba consistía en vales de la tienda de la compañía que era el apéndice de la explotación... Los obreros de Río Blanco no estaban contentos.  El poder de la compañía cernía sobre ellos como una montaña; detrás y por encima de la empresa, estaba el gobierno.  En apoyo de la compañía estaba el propio Díaz, puesto que él no sólo era el gobierno, sino un fuerte accionista de la misma.  Sin embargo, los obreros se prepararon a luchar.  Organizaron en secreto un sindicato: el Círculo de Obreros.30

Esta situación se hizo extensiva y sensibilizó a las masas obreras de otras partes: “una huelga en las fábricas textiles de la ciudad de Puebla, en el estado vecino, las cuales también eran propiedad de la misma compañía; los obreros de Puebla vivían en iguales condiciones que los de Río Blanco” se pretendía “rendir por hambre a los obreros, lo cual la empresa creía lograr en menos de 15 días”.31

Los inmigrantes que ya estaban relacionados con la industria textil aprovecharon la crisis de las fábricas durante el periodo revolucionario.  Estas fábricas que fueron cerradas por falta de capital y de materia prima, por una parte, y por enajenación de los transportes de los servicios militares, por otra, son adquiridas con muy poco dinero por los comerciantes en textiles que, como extranjeros, no estaban comprometidos en el conflicto con ninguna de sus partes, Más tarde, en el periodo de estabilización social y económica, otros industriales con el sistema de reinversión incrementaron la producción; las exportaciones fueron de tal magnitud que no sólo transformaron varias ciudades textileras en centros de primer orden, sino que convirtieron a México en uno de los países exportadores durante la segunda Guerra Mundial.

El petróleo y su explotación motivaron igualmente la presencia extranjera:

En 1921, debido a la continuación del auge petrolero, que trajo gran número de trabajadores norteamericanos a Tampico, se presentó un proyecto para reformar la ley de inmigración de 1908; en el sentido de prohibir a trabajadores extranjeros la entrada al país cuando éste sufriera crisis económicas, si tal inmigración amenazaba la subsistencia de trabajadores nacionales.32

Pese a Todas las ventajas al inmigrante, se dudaba de ellas:

...si pensamos que nuestro país, como todos los países del Continente americano, necesita para enriquecer y prosperar, de la inmigración extranjera, debemos convenir en que no hay un solo incentivo que haga al presente estimable  para el inmigrante de la ciudadanía de nuestra patria.

De la estadística oficial sobre naturalización, podemos inferir, con buena lógica, que a excepción de algunos hombres de raza amarilla, casi todos los extranjeros que solicitan carta de ciudadanía, obedecen sólo a una baja necesidad de orden mercantil, para poder ejercer alguna profesión que, como la de marino o corredor, demanda la ciudadanía mexicana.33

Las disposiciones legales para regular la inmigración fueron dictadas en el siglo XX, atendiendo a nuevos criterios.  En 1927 se suspendió la entrada de trabajadores originarios del Medio Oriente, salvo que cubrieron una cuota elevada.  La restricción tampoco se aplicaba a los descendientes y ascendientes así como a los cónyuges de los ya inmigrados legalmente.  Reza así la ley de 1926:

En cumplimiento de la Ley de Migración de 13 de marzo de 1926, el Código Sanitario de ese mismo mes y año estableció la obligación de las empresas navieras destinadas al transporte exclusivo de inmigrantes, trabajadores o de colonos, o que ordinariamente llevaran a México más de diez por viaje, a tener médico o botiquín a bordo; aparatos para desinfectar, desratizar y desinsectizar; cuidar que todo el buque, especialmente los departamentos destinados a los inmigrantes o colonos, se encontrara en buenas condiciones higiénicas; y a proporcionar a los inmigrantes o colonos una buena alimentación.34

Muy importarles resultan las diferentes categorías de inmigrantes establecidas de acuerdo con su inserción económica:   .

Se consideró inmigrantes-trabajadores a los extranjeros que vinieran a México a dedicarse, temporal o definitivamente, a trabajos corporales mediante salario; colonos a los extranjeros que vinieran a radicarse a una región determinada para dedicarse en ella, por su cuenta, a trabajos agrícolas o industriales.  El código sanitario prohibió la entrada a los enfermos de peste bubónica, cólera, meningitis, tifoidea, tifo, erisipela, sarampión, escarlatina, viruela, difteria, poliomielitis, tuberculosis, lepra, beri-beri, tracoma, encefalitis crónica de la infancia, filoriosis, epilepsia, enajenación mental, enfermedades venéreas, piorrea, etcétera, y las prostitutas, los ebrios habituales, los toxicómanos y los drogadictos...35

En cuanto a las restricciones no hubo que esperar mucho tiempo, como señala la Ley del 8 de julio de 1927:

Se restringió la inmigración de negros, indobritánicos, sirios, libaneses, armenios, palestinos, árabes, turcos y chinos.  La restricción se basaba de nuevo en un criterio racista, pues se hacía no sólo para proteger a los trabajadores, sino para evitar la mezcla de razas que se ha llegado a probar científicamente producen una degeneración en los descendientes.  Pero aparte las razones de trabajo y razas, las autoridades proyectaron permitir la inmigración de acuerdo con las posibilidades de asimilación de las diferentes nacionalidades, pues la experiencia demostraba que con frecuencia los extranjeros solicitaban la naturalización sólo para tener derecho a emigrar a otros países, especialmente Estados Unidos, e incluso abandonaban las casas de extranjeros que después de amasar una cuantiosa fortuna, explotando a Ios trabajadores mexicanos, regresaban a sus países de origen readquiriendo en muchos casos su nacionalidad primitiva.36

A los criterios racistas para restablecer las restricciones de la inmigración se antepusieron la conveniencia y la evidencia de lo absurdo de tales criterios:

Pese a esas prohibiciones continuó en esos años la inmigración fraudulenta de extranjeros, especialmente negros en Quintana Roo, por eso las autoridades extremaron sus precauciones, permitiendo sólo la entrada de la servidumbre negra de la Compañía Pullman mediante fianza no menor de 500 pesos.  El acuerdo del 8 de julio de 1927 según el cual sitios, libaneses, armenios, palestinos, árabes y turcos sólo podían entrar en México si poseían un capital menor de diez mil pesos; se completó poco después con la exigencia de una fianza a satisfacción de la Secretaría de Relaciones Exteriores.37

La ambigüedad de estas leyes demuestra lo impreciso de su contenido:

...la necesidad de establecer el registro de extranjeros, fueron algunos de los problemas que intentó resolver la ley de migración del 30 de agosto de 1930.  En ella se dispuso distribuir a los inmigrantes de acuerdo con las necesidades nacionales; se creó el Consejo Consultivo de Migración; se añadió a la clasificación de inmigrantes y turistas la de visitantes locales de fronteras y litorales; se declaró de beneficio público la inmigración individual o colectiva de extranjeros sanos, de buena conducta, capacitados para trabajar y de razas asimilables al medio mexicano...38

La pretensión oficial de recibir oleadas numerosas y selectas de inmigrantes se vio totalmente frustrada:

A los esfuerzos oficiales en favor de la inmigración no siguió una caudalosa corriente migratoria que desembocara en México.  Vinieron pocos extranjeros y no siempre los más deseados.  Así lo dan a entender los censos de 1895, 1900 y 1910.  En la primera fecha residían en el país poco más de 48 000 extranjeros, el doble de los que había en la República restaurada; cinco años después se contaban 10 000 más. Para 1910 la cifra había subido hasta 116 527.  De éstos sólo un 9% se dedicaba a labores agrícolas.39

Además de la preocupación por el ingreso de extranjeros, existía la de la salida de nacionales que iban al extranjero, los Estados Unidos principalmente, en busca de mejores condiciones de vida:

Del mismo modo que se continuó prohibiendo la entrada de inmigrantes carentes de elementos económicos bastantes para subvenir sus necesidades (salvo quienes vinieron contratados por más de 6 meses con 'salarios suficientes") sólo se autorizó la salida de emigrantes trabajadores cuando tuvieran contratos por más de seis meses, también "salarios suficientes".  Estos contratos deberían garantizarse con caución hipotecaria o depósito en efectivo; más aún, con miras a evitar la despoblación se facultó a la Secretaría de Gobernación para reglamentar la emigración colectiva en el sentido que las necesidades de momento y de cada región exigían.  En fin la igualdad de circunstancias, la repartición de mexicanos tendría preferencia sobre la inmigración extranjera.  De acuerdo con esta ley, aun a costa de grandes desembolsos, se expulsó a varios extranjeros cuya estancia era ilegal en México; en algunos casos se permitió continuaran en el país siempre que trabajaran efectivamente en las labores a que se habían comprometido.40

En los años siguientes las restricciones son aún más severas y comprenden a todos aquellos que entrañen competencia para el trabajador mexicano.  En 1930, la tercera Ley de Migración considera de beneficio público la inmigración que presente, por su origen y condiciones, capacidades de asimilación a nuestra población y a nuestras condiciones económicas:

El 14 de julio de 1931 se registró temporalmente la entrada de inmigrantes trabajadores al país, entre éstos se consideraba a quienes no demostraron tener un capital propio mayor de 10 000 pesos. En la Segunda Convención Nacional de Migración celebrada en febrero de 1931, se votó la prohibición absoluta de la inmigración de trabajadores extranjeros en atención a la crisis económica.  Como una consecuencia de la crisis de 1929 puede entenderse el Reglamento de Migración del 6 de junio de 1932.  En primer término limitó el derecho absoluto de entrada y salida del territorio nacional por motivos de “conveniencia pública", en particular se sujetó la entrada de extranjeros a su "mayor o menor facilidad de asimilación a nuestro medio'.  Facultó a la Secretaría de Gobernación, para que prohibiera cambiaran de “radicación"; condicionó la admisión de los presuntos trabajadores a la presentación del contrato de trabajo, pero cuando existiera escasez de ocupaciones que pudieran ser desempeñadas por mexicanos no entrarían a México.  Se eximiría de ciertos requisitos migratorios a los colonos contratados oficialmente y a quienes vinieran de manera espontánea y justificaran haber adquirido terrenos apropiados y bastantes para dedicarse a la agricultura.  Puso especial empeño en prohibir la entrada de las prostitutas y de sus explotadores, así como de las 'razas' cuya inmigración se encontrara restringida o prohibida.  Estableció el registro de extranjeros mayores de 15 años y propugnó una campaña de convencimiento para que los hijos de los extranjeros nacidos en México optaran la ciudadanía mexicana.  También se propuso hacer desistir a los mexicanos deseosos de emigrar buscándoles trabajo, o en última instancia que lo hicieran provistos de los documentos necesarios, y aun facultó a la Secretaría de Gobernación a restringir la salida de los braceros cuando hicieran falta en México.41

Como se ve, no sólo el ingreso de extranjeros, sino también la salida de mexicanos o su nacimiento en el extranjero, fueron objeto de estas leyes; nuestra Constitución establece los siguientes artículos sobre extranjeros:

La nacionalidad se adquiere por nacimiento o por naturalización, A) Son mexicanos por nacimiento: I.- los que nazcan en territorio de la República, sea cual fuere la nacionalidad de sus padres; II.- los que nazcan en el extranjero de padres mexicanos, de padre mexicano y madre extranjera, o de madre mexicana y padre extranjero o desconocido, y III.- los que nazcan a bordo de embarcaciones o aeronaves mexicanas, sean de guerra o mercantes.42

También prevé la Constitución la incorporación ciudadana de extranjeros:

B) Son mexicanos por naturalización: I.- los mexicanos que obtengan de la Secretaría de Relaciones carta de naturalización, y II.- la mujer extranjera que contraiga matrimonio con mexicano y tenga o establezca su domicilio dentro del territorio nacional.43

En la letra de nuestro máximo instrumento legal, como protección a los trabajadores, se establece:

Artículo 32.  Los mexicanos serán preferidos a los extranjeros en igualdad de circunstancias, para toda clase de concesiones y para todos los empleos, cargos o comisiones de Gobierno en que sea indispensable la calidad de ciudadano.44

También prevé la Constitución la limitación de las actividades de los extranjeros en estos términos:

Artículo 33.  Son extranjeros los que no posean las calidades determinadas en el artículo 30.  Tienen derecho a las garantías que otorga el capítulo I, título primero, de la presente Constitución; pero el Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente.  Los extranjeros no podrán, de ninguna manera, inmiscuirse en los asuntos políticos del país.45

También en la letra están claramente señaladas las inversiones que se consideran extranjeras:

Ley para promover la inversión mexicana y regular la extranjera

Capítulo I Artículo 2. Para efectos de esta ley se considera inversión extranjera la que se realice por:

I.- Personas morales extranjeras; II.- Persona físicas extranjeras; III.- Unidades económicas extranjeras sin personalidad jurídica; y IV.- Empresas mexicanas en las que participe mayoritariamente capital extranjero o en las que los extranjeros tengan, por cualquier título, la facultad de determinar el manejo de la empresa.
Se sujeta a las disposiciones de esta ley, la inversión extranjera que, se realice en el capital de las empresas, en la adquisición de los bienes y en las operaciones a que la propia ley se refiere.46

Según esto, tendríamos que considerar a México como uno de los países de América Latina en los que la presencia extranjera a través de las inversiones es mayoritaria. Sin embargo:

Artículo 4. Están reservadas de manera exclusiva al Estado las siguientes actividades:

a)           Petróleo y los demás hidrocarburos
b)           Petroquímica básica
c)           Explotación de minerales radioactivos y generación de energía nuclear
d)           Minería en los casos a que se refiere la ley de la materia
e)           Electricidad
f)            Ferrocarriles
g)           Comunicaciones telegráficas y radiotelegráficas; y están reservadas de manera exclusiva a mexicanos o sociedades mexicanos con cláusula de exclusión de extranjeros, las siguientes actividades:

a)         Radio y televisión
b)         Transporte automotor urbano, interurbano y en carreteras federales
c)         Transportes aéreos y marítimos nacionales
d)         Explotación forestal
e)         Distribución de gas
f)          Las demás que fijen las leyes específicas o las disposiciones reglamentarias que expida el Ejecutivo Federal.47

A pesar de que había una voluntad oficial aparente por atraer al inmigrante, en las décadas que siguieron al triunfo de la Revolución se siguió restringiendo su ingreso:

El presidente Abelardo Rodríguez siguió aplicando restricciones a la inmigración de los trabajadores extranjeros, pero confesó que la ley de 1930 no resolvía con la suficiente elasticidad el grave problema de la escasez de población y de su irregular distribución, y el no menos importante de nuestra carencia de un tipo social definido.48

Con propósitos de beneficio económico al país se fijaron cuotas de ingreso: “El 29 de mayo de 1933 se reformó la ley para que el depósito de los extranjeros estuviera en relación no sólo con su nacionalidad, sino con el lugar de la República en que se establecieran.49

El 16 de febrero de 1934 se prorrogó indefinidamente la prohibición de la inmigración de quienes carecieran de un capital inferior a diez mil pesos, exceptuándose los técnicos aprobados por la Secretaría de Economía se aceptaron inversionistas con un capital mínimo de 20 mil pesos, siempre que se ocuparan en negocios agrícolas o industriales, de ningún modo comerciales.50

Ante la reacción de los inversionistas y trabajadores nacionales el gobierno hizo una:

Reforma publicada en el Diario Oficial de 15 de diciembre de 1934: Los mexicanos serán preferidos, a los extranjeros, en igualdad de circunstancias, para toda clase de concesiones y para todos los empleos, cargos o comisiones del Gobierno en que no sea indispensable la calidad de ciudadano.  En tiempo de paz ningún extranjero podrá servir en el Ejército ni en las fuerzas de Policía o Seguridad Pública.51

Ante la amenaza siempre presente, real o ficticia de las enfermedades y 'vicios" que los inmigrantes podrían introducir al país, se preveía:

Artículo 73-XVI, Para dictar leyes sobre ciudadanía, naturalización, colonización, emigración e inmigración y salubridad general de la República:

  1. El Consejo de Salubridad General dependerá directamente del Presidente de la República, sin intervención de ninguna Secretaría de Estado, y sus disposiciones generales serán obligatorias en el país.
  1. En caso de epidemias de carácter grave o peligro de invasión de enfermedades en el país, el Departamento de Salubridad tendrá obligación de dictar inmediatamente las medidas preventivas indispensables a reserva de ser después sancionadas por el Presidente de la República.
  1. La autoridad sanitaria será ejecutiva y sus disposiciones serán obedecidas por las autoridades administrativas del país.
  1. Las medidas que el consejo haya puesto en vigor en la campaña contra el alcoholismo y la venta de substancias que envenenen al individuo y degeneran a la raza serán después revisadas por el Congreso de la Unión en los casos que le competan.52

En 1936 nuevamente se expresan los criterios raciales y culturales que destacan el despoblamiento de algunas zonas y la preocupación por el mestizaje racial; en ese año se publicó la Ley de Población:

... nuevo nombre de la migración.  Ofreció resolver los problemas demográficos fundamentales: el aumento de la población se opondría mediante el crecimiento natural, la repatriación y la inmigración. Para lograr el crecimiento natural se promoverá el fomento de los matrimonios... la función étnica de los grupos nacionales entre sí, acrecentar el mestizaje mediante la asimilación de los extranjeros... Introdujo la novedad de las cuotas diferenciales de inmigrantes que se formarían teniendo en cuenta el interés nacional, el grado de asimilabilidad racial y cultural, y la conveniencia de su admisión...53

Estas disposiciones legales adquirieron, en 1936, el carácter de leyes de población y están orientadas a lograr la asimilación del extranjero al país, al mismo tiempo que protegen al nacional en sus actividades económicas.  Desde esta fecha se da preferencia a los inversionistas, industriales, técnicos y comerciantes.  Más adelante, la Ley General de Población de 1974 establece una limitación y una cuota a la entrada de extranjeros; ambas se fijan a partir de estudios demográficos y necesidades del país.  Se prefiere a científicos y técnicos, a inversionistas de la industria, el comercio o la agricultura, Con la mención de esa ley se puede concluir el esbozo del marco legal de la inmigración en los siglos XIX y XX.

Se debe hacer referencia a nuestra vocación y fidelidad al derecho de asilo.  Durante los últimos 100 años, hemos recibido un número todavía impreciso de refugiados políticos de distintas partes del mundo. Entre los que contribuyeron al desarrollo de las ciencias sociales están los refugiados españoles de la Guerra Civil; después los que sobrevivieron a la segunda Guerra Mundial y que representaban diferentes campos ideológicos.  Más tarde, los exiliados de la revolución cubana, seguidos de los que salen de los distintos países del Caribe, Centro y Sudamérica por los acontecimientos políticos que siguen sacudiendo a nuestro continente.

Desde el triunfo de la Revolución, México modifica su política migratoria según lo señala Kenny:

Política migratoria posrevolucionaria (1921-1934).  Presionado por los Estados Unidos, Obregón no puso en vigor las restricciones que con respecto a la inmigración extranjera se señalaban en la Constitución de 1917, y se le dio entrada libre al país. México había pasado por una guerra civil y tenía que recuperarse, en especial económicamente, para lo cual necesitas el capital extranjero.  De 1920 a 1930 hubo una gran entrada de españoles al país.54

Cardenismo (1934-1940).  Poco a poco a partir de 1930, las leyes de inmigración fueron haciéndose más en el crecimiento de la población mexicana que en la inmigración extranjera, Sin embargo, de pronto, en enero de 1939, México dictó una ley por la que se abrían fronteras a los refugiados españoles.55

Este éxodo de refugiados políticos ha marcado una nueva categoría en la inmigración.  De los españoles, la vida científica y académica recibió un esfuerzo vital.  Crearon escuelas y editoriales, vigorizaron la cátedras en las universidades, fundaron hospitales, sus aportaciones intelectuales están todavía vigentes en la vida nacional.  De las inmigraciones de chilenos, uruguayos, venezolanos, colombianos, argentinos, nicaragüenses, salvadoreños, haitianos, cubanos, etc., se debe distinguir a los que vienen a México para prepararse profesionalmente de los exiliados políticos; muchos emigran porque en la crisis de algunos países no hay oportunidades para ciertas profesiones, y otros, aunque no están comprometidos con ningún movimiento político, responden a las oportunidades que brinda México a todo inmigrante.  De manera general se puede decir que su participación en la vida nacional no tiene restricciones insalvables, por lo que es posible encontrar latinoamericanos en todos los sectores de la economía, en las profesiones liberales y aun en los puestos administrativos.  La idea de que ser extranjero en México es garantía de riqueza ha creado entre nosotros sentimientos controvertidos que se vierten en los inmigrantes; la paradoja se consuma en la xenofobia y la xenofilia, que han sido dos constantes de nuestra historia.  También lo han sido la discriminación y el prejuicio, males de todas las sociedades colonizadas que, como nosotros, sufrieron la despersonalización y la estigmatización de su cultura, en su propio territorio,

Los signos ambiguos de admiración y rechazo aparecen, en esta época, como manifestaciones de clase, cuando se identifica a los extranjeros con el poder, la maldad, la inteligencia, el dinero, la pobreza o simplemente lo extraño y lo desconocido.  A este respecto, Moisés González Navarro aclara:

Desde el porfirismo se había delineado un creciente nacionalismo popular en oposición a la xenofilia que ampara a variados y vigorosos grupos... 'México para los mexicanos'.  Los constitucionalistas también utilizaron este lema en su lucha contra el gobierno norteamericano, pero ello para justificar la limitación de privilegios a los extranjeros.56

Los conquistadores tuvieron que desdeñar nuestra cultura para justificar su dominación; por la misma razón calificaron a los africanos como "inferiores"; así fueron introducidas las categorías racistas de “superior" e "inferior".  Estos estigmas se han depositado en diferentes etnias según el momento y los intereses de los grupos dominantes que ocultan las virtudes de los dominados.  Después del dominio de los españoles, la "inferioridad" seguía recayendo sobre los indios y los afromestizos; raza y clase empiezan a ir de la mano.  La diversidad de la población obliga a ciertas alianzas en función de una unión de clase.

Por este mecanismo se llegan a agrupar en el periodo independiente los empresarios con los nacionales en el poder, los liberales con las fuerzas trabajadoras y los conservadores con los extranjeros.  El porfiriato tiene el signo de la xenofilia que marca como tarea -entre otras- la de 'mejorar la raza" favoreciendo la inmigración y las inversiones extranjeras.  Pero el desplazamiento tan variado de inmigrantes a nuestro territorio demostró que las migraciones se realizan por la dinámica propia de los grupos humanos, aun cuando llevan el signo de la dominación como el colonialismo.  Los fenómenos de transculturación y mestizaje rebasan siempre cualquier condicionamiento previo o ficticio,

Actualmente, a una distancia de más de ochenta años de nuestra revolución, seguimos padeciendo la xenofilia y la xenofobia, la discriminación y el prejuicio.  No hemos acabado con la secuela colonialista.  Se insiste en atribuir a algunos las carencias que padecemos todos.  Todavía se intenta parcializar el horizonte cultural sin aceptar que somos un conjunto de elementos vinculados unos a otros.  A los indios se les sigue marginando del proceso de producción y son aún objeto de explotación.  A ciertos mexicanos de origen europeo se les concede la virtud de ser 'más inteligentes" y por lo tanto de tener más recursos económicos. En realidad su situación se explica en el cuadro general de la movilidad social que alcanzaron ciertos grupos de inmigrantes al insertarse en las actividades comerciales e industriales que les permitieron, en poco tiempo, ascender a las capas más poderosas de la sociedad. Todavía hace poco un "húngaro" sinónimo de gitano podía ser un “robachicos”, repitiendo lo que nos imponen los prejuicios con los que se califica a los trashumantes.

Los chinos de Sonora fueron masacrados en los años veinte para despojarlos de todo aquello que habían logrado acumular; la justificación de este genocidio estuvo en sus "costumbres repugnantes y sus lacras de salud".  La xenofobia antichina contiene serias contradicciones porque el gobierno firmaba tratados de amistad con esa nación a la vez que alimentaba el prejuicio popular contra los chinos.  La que sigue es una reflexión ejemplar de la xenofobia antichina:

Antes de que nuestro país tuviera la desventura de ser invadido por la plaga china, nos habíamos acostumbrado a ver llegar del extranjero a hombres de empresa, caballeros decentemente vestidos que no acampaban en las playas sino en los mejores hoteles, ni se alimentaban con arroz solamente, ni se lavaban sus propias ropas.  Eran estos hombres civilizados que no venían a causar lástima sino a fundar empresas y a invertir fortunas.57

Como se ve, existía un prejuicio contra los chinos y paradójicamente una admiración por lo extranjero. Un periódico de Mazatlán en 1893 relataba la llegada de los chinos, como resultado de la firma de un convenio de amistad (firmado apenas unos años después del tratado con Japón) celebrado entre México y China.  Algunos chinos ya establecidos llevaron comida a sus compatriotas.El autor del articulo -José Ángel Espinoza- dice acerca de la llegada y presencia de los chinos: "Y en efecto, así llegaron los chinos a nuestro país; en esas condiciones lastimosas pisaron por primera vez tierra mexicana: hambrientos, desarrapados, piojosos, vacía completamente la alforja y sin más mísera moneda de cobre en los bolsillos.58 En estos comentarios, se hace notar la presencia de los avances técnicos y comerciales traídos por algunos grupos extranjeros y supuestamente no encontrados en los chinos.  Esta diferencia se puede explicar precisando que la inmigración china se insertó casi exclusivamente en el sector de servicios desempeñándose también como empleados.  En la lista de los prejuicios debemos incluir el que tenemos en contra de los negros, que nos impide la aceptación de una de nuestras raíces y de la herencia cultural que de ella recibimos.  De los Estados Unidos de Norteamérica nos llega su expansión económica, y una influencia inevitable que desafortunadamente no es sólo cultural sino de necesidades ficticias ajenas a los patrones tradicionales de nuestros pueblos; en México se ha promovido el consumo de bienes y valores que ni son vitales para nosotros y tampoco concuerdan con nuestras tradiciones.

Las relaciones interfronterizas se han situado en un primer plano de importancia, por los problemas que debemos resolver con nuestros vecinos del norte y del sur.  Hay detrás un sinnúmero de tratados, conferencias y acuerdos entre el gobierno mexicano y los de Guatemala y Estados Unidos, que constituyen una preciosa documentación en la que podemos estudiar el porqué la vecindad con el norte ha tenido repercusiones fundamentales para México; sin compartir la misma idiosincrasia hemos tenido que asumir una penetración consumista que nos empobrece culturalmente.  Al sur, nuestra proximidad significa compartir problemas y necesidades, afinidades y divergencias.  Lo que parece evidente es que en las relaciones con las comunidades fronterizas del norte y del sur están en constante activación y confrontación cultural los símbolos de nuestra  reafirmación nacional. Están presentes en un sentimiento en el que se condensan los siglos de nuestra historia y se manifiestan en una amplia combinación de variables que van desde la competencia, la admiración y la imitación de las formas de vida material de los vecinos del norte, hasta la solidaridad, la hospitalidad y la ayuda o la explotación de los inmigrantes vecinos del sur.

Los emigrantes que van "al otro lado"  y los inmigrantes que llegan “del Sur”, pertenecen al fenómeno del bracerismo y la movilidad de la fuerza de trabajo. Cuando los braceros regresan a sus respectivos territorios están aculturados en los nuevos valores de la cultura fronteriza.  Los guatemaltecos han entrado por Chiapas a lo largo de años, lustros y siglos estableciendo con México lazos de trabajo, de sangre.  De Guatemala han llegado: braceros para los campos, intelectuales, universitarios, artistas, refugiados políticos y algunos de ellos han sido declarados hijos predilectos de México.

En la ciudad de México, que está entre las más pobladas, viven hombres y mujeres de todas partes del mundo. Tenemos los ingredientes de la cultura universal.. En lo que fue la antigua 'ciudad de los palacios", de la que emerge el Templo Mayor de los aztecas, las construcciones coloniales y el México moderno, tiene lugar el abrazo, no sólo de las culturas del pasado sino de la nueva cultura urbana que está surgiendo en América Latina, como en las ciudades europeas de principios de siglo, En una sola metrópoli conviven y transitan: asiáticos, africanos, conosureños, centroamericanos, europeos, caribeños y norteamericanos.

Este urbanismo cosmopolita, que se extiende a otras ciudades de la República, se debe al constante flujo migratorio que nos obliga a compartir nuestro espacio, nuestro trabajo y nuestros bienes.  A diferencia de otras ciudades americanas de baja demografía, aquí y ahora está la familia de los perseguidos de todo el continente, amparados por el derecho de asilo, construyendo en el pluralismo cultural un nuevo latinoamericanismo que, aunque sometido al capitalismo, lleva al impulso y la fuerza de lo múltiple y lo diverso.
Haciendo una síntesis desde esta óptica, marcando la  diferencia entre los inmigrantes de este siglo y los que trajo el sistema colonial, podemos concluir que el siglo XVIII fue de los empresarios españoles, el México borbónico fue impulsor del florecimiento de las minas, la industria harinera, el comercio del trigo, el de las sedas, las porcelanas y de todas aquellas manufacturas que nos llegaron de Asia en las Naos de China. Éste es el mundo que agoniza con la Independencia.  De esas oligarquías se desprende la formación y el desarrollo de la burguesía del siglo XIX, en la que alemanes, ingleses, franceses y norteamericanos toman las riendas de las empresas, controlan los mercados y hacen circular las mercancías.  En este contexto no es extraño que Maximiliano, en 1866, abra la inmigración a todas las naciones.  Diez años más tarde el decreto sobre colonización otorga a las empresas amplias subvenciones para recompensar su tarea.  A los inmigrantes se les concede la naturalización y la ciudadanía, amplios créditos y facilidades para iniciar su integración económica y la propiedad de los terrenos que ocuparán.

A principios de este siglo, la población extranjera alcanzó la proporción de 0.7%; Actualmente,  rebasado todas las expectativas y los pronósticos. Lo evidente es que aunque la Población extranjera no fue nunca altamente significativa demográficamente, su importancia en México se debe a su peso económico, a la influencia de su cultura y a su actividad como agente promotor de cambio y transformación tanto en la estructura económica como en la vida cultural y social del país.

Cuando los inmigrantes se organizan en comunidades distintivas adquieren para el país receptor un significado diferente del que tuvieron cuando sólo eran empresarios, comerciantes, banqueros, etc.  Cuando se convierten en comunitarios que junto con otros representan una cultura aparte, adquieren la pauta de una minoría en la que ciertos rasgos propios -lengua, religión, idiosincrasia- se expresan en el interior del grupo y aparecen como código y valores de esa minoría.  Los límites étnicos marcan un contraste con otros grupos minoritarios y con la mayoría. Esos límites son las fronteras étnicas que separan a un grupo minoritario de otros y de la mayoría nacional,

En México, los  millones de personas de origen extranjero se suman a los que guardan todavía algunos rasgos de la cultura de sus antepasados.  La importancia que la inmigración tuvo y tiene en México consiste en que, habiendo sido al principio una vía de dominación e imposición colonial, se ha convertido en el siglo XXI en un factor de diversidad y aportaciones a la cultura nacional.

Por todo ello, deben ser estudiados a partir de sus formas de ingreso según la época y el destino que tuvieron en la vida nacional. El historiador tiene en el tema de la inmigración una tarea de síntesis y un campo de análisis en el contexto socio cultural del momento en el que llegaron a México. Este contexto debe desprenderse del conocimiento de cada época y cada periodo de nuestra historia.  El fenómeno de la migración en general pertenece a la historia universal; con ella se relacionan los factores que le dan un propósito y los que le dan un destino.

 

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1 Pedro Henríquez Ureña, Historia de la Cultura en la América Hispana, p. 34.

2 Álvaro Matute, Mexico en el siglo XIX. Antología de fuentes, p. 140

3 Dieter George Berninger, La inmigración en México (1821-1857), p. 25. apud. Germán Correa, “Sobre la colonia” en historia mexicana.

4 Ibid, p. 21, apud Robert J. Shafer, The Economic Societes in the New World.

5 Ibid, pp. 30-31, apud, Lucas Alamán, Memoria presentida al Soberano Congreso Mexicano por el secretario de Estado y del Despacho de Relaciones Interiores y Exteriores.

6 Moisés González Navarro, El porfiriato: la vida social, pp. 3-5.

7 Felipe Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México, 1808-1978, p. 772.

8 John H. Coatsworth, El impacto económico de los ferrocarriles en el porfiriato.

9 Andrés Molina Enríquez, Los grandes problemas nacionales, p. 146.

10 Ibid, p. 147.

11 A. Belenki, La intervención extranjera en México 1861-1967, p. 48, apud. Como señalaban C. Marx y F. Engels, ya en 1858 Napoleón III sabía perfectamente que “los tambaleantes cimientos de su poder dependían de su alianza con Inglaterra”, Obras completas, volumen I, p. 506.

12 Ibid, p. 49.

13 Carlos Ernesto Bernot, Datos sobre la colonización de Jicaltepec San Rafael, pp. 1-2.

14 Álvaro Matute, op. cit., pp. 94, 97.

15 Ibid., pp. 178-179.

16 Álvaro Matute, op. cit., pp. 94,97.

17 María Elena Ota Mishina, Migración japonesa a México (1890-1977), p. Ia. apud, Secretaría de Relaciones Exteriores. Documentos para el primer tratado México-Japón. Véanse artículos III y IV.

18 Ibid., p. 2a., apud, Kaigi Iju Tokei (Estadísticas de la migración a ultramar), pp. 41 y 42

19 V. Ermolaev, Y. C. mashbits et. al., Ensayos de historia de México, p. 46.

20 Ibid., p.47.

21 Ibid., p. 84.

22 Loc. cit.

23 Loc. cit.

24 Moisés González Navarro, Población y sociedad, tomo I, p. 31. Véanse gráficas y cuadros.

25 Ibid., tomo Y, p. 31.

26 Moisés González Navarro, La vida social, op. cit., p. 181.

27 Mario Contreras, Antología México en el Siglo XX (1900-1913), tomo I, pp. 119-120, apud, Jesús Silva Herzog, “La concentración de la tierra”.

28 Ibid., p. 122.

29 Ibid., p. 122.

30 Ibid., pp.138,139.

31 Moisés González Navarro, op. cit., tomo 2, p. 37.

32 Moisés González Navarro, op. cit., tomo 2. p. 37.

33 Mario Contreras, op. cit., pp. 32-33.

34 Moisés González Navarro, op. cit., tomo 2, pp. 41-42

35 Ibid., p. 42.

36 Ibid., tomo 2, p. 43, apud, Memorias de la Secretaría de Relaciones Exteriores 1926-1927, pp. 512-513.

37 Ibid., tomo 2, pp. 43-44

38 Loc. cit.

39 Moisés González Navarro, La vida social, op. cit., tomo 2, p. 46.

40 Moisés González Navarro, Población y sociedad, op. cit., tomo 2, p. 46.

41 Ibid., tomo 2, pp. 47-48.

42 Felipe Tena Ramírez, op. cit., p. 835, capítulo II, De los mexicanos.

43 Ibid., p. 835.

44 Ibid., p. 835.

45 Ibid., p. 836, capítulo III, De los extranjeros.

46 Carlos A. Echánove, Manual del Extranjero, p. 296.

47 Ibid., p. 297.

48 Moisés González Navarro, Población y sociedad, tomo 2, p. 48.

49 Ibid.

50Loc. cit

51 Felipe Tena Ramírez, op. cit., p. 890. Reforma al artículo 32 publicada en el Diario Oficial, 15 de diciembre de 1934.

52 Ibid., p. 907. Reforma publicada en el Diario Oficial, 18 de enero de 1934.

53 Moisés González Navarro, op. cit., tomo 2, p. 49.  Véase el Manual del Extranjero, capítulo V.

54 Michael Kenny, et al, Inmigrantes y refugiados españoles en México, Siglo XX, p. 32.  Anuario Estadístico.

55 Ibid., p. 33, apud, Archivero de la Embajada, 1939: Caja V.

56 Moisés González Navarro, Población y Sociedad, tomo 2, p. 87

57 José Ángel Espinoza, El problema chino, p. 290.

58 Ibid., pp. 75~77.

 

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