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Colección editorial: La pluralidad Cultural en México



Interculturalismo y justicia social
León Olivé

Introducción

México es un país multicultural.  La nación mexicana incluye una muy rica variedad de pueblos, cada uno de los cuales merece respeto y es digno de crecer y florecer. Pero hasta ahora hemos sido incapaces de establecer las estructuras y las instituciones políticas, económicas y jurídicas que garanticen el ejercicio del derecho de los diversos pueblos de nuestro país a sobrevivir y a desarrollarse en la forma en que autónomamente decidan sus miembros, a elegir cómo mantener o cómo cambiar sus formas de vida, a participar efectivamente en la decisión sobre el uso y destino de los recursos materiales de los territorios donde viven, y a participar activamente en la construcción de la nación mexicana.  Éste es el problema de la multiculturalidad en México, y continúa siendo uno de los principales problemas nacionales.

El desafío es lograr una sociedad auténticamente plural y justa, en donde los diferentes pueblos y las diversas culturas convivan armoniosamente, los conflictos puedan resolverse por vías no violentas, y se respeten los derechos individuales, los colectivos y los de grupo.  Esto requiere una profunda reforma que establezca nuevas relaciones entre el Estado y los pueblos de México, así como entre esos pueblos y el resto de la nación.

El Estado debe garantizar la participación en la vida pública nacional, en lo económico y en lo político, de los diversos pueblos, y no debería estar controlado por ningún grupo social, político o económico particular, sino que en él deberían participar representantes de los diferentes sectores sociales relevantes en el país, así como de los diferentes pueblos.  El Estado debe servir a todos ellos, fomentando su desarrollo,  y estableciendo y gestionando mecanismos para evitar, y en su caso para dirimir, conflictos entre los diferentes pueblos y entre diferentes sectores de la sociedad.  Esto es lo que se conoce como un Estado plural.

Es necesario pues que la reforma del Estado mexicano incluya la rectificación de su política cultural y económica, orientada durante décadas hacia el ideal de una nación monocultural y hacia la exclusión de los pueblos indígenas del acceso y el control sobre los recursos naturales de los territorios donde viven, y en general de la toma de decisiones económicas y políticas sobre las cuestiones que afectan su vida.1 Se requiere ahora de un Estado plural que respete –y que garantice el respeto de toda la sociedad- a la identidad de los pueblos, y que establezca políticas que aseguren el florecimiento de todos ellos, empezando desde luego por su participación activa en las decisiones sobre el manejo apropiado de sus recursos naturales y de sus fuentes de riqueza.

En suma, para lograr una solución al problema de la multiculturalidad en México, que conduzca a mediano y a largo plazo una situación estable y legítima, se necesita que la sociedad política reconozca en pie de igualdad a todos los pueblos que forman parte del país, y que se lleve a cabo una reforma estructural de manera que se establezcan nuevas relaciones sociales, económicas, políticas y culturales entre pueblos, entre regiones y entre ellos y el Estado.  Estas nuevas relaciones deben garantizar:

1. la satisfacción de las necesidades básicas de los miembros de los diferentes pueblos, de acuerdo con la formulación que ellos hagan de manera autónoma, respetando su derecho a desarrollarse en la forma en la que consideren adecuado;

2. el acceso y control de los recursos materiales de su territorio, asegurando su participación en la toma de decisiones acerca de cuándo y cómo explotarlos, cómo controlarlos, y cómo encauzar los beneficios de su explotación; y

3. la participación de todos los pueblos en la construcción de la nación mexicana, incluyendo su participación en las instancias políticas locales, regionales, nacionales e internacionales.

En este libro se desarrollan ideas y conceptos que permiten articular un modelo de sociedad multicultural adecuado para países como México y la mayoría de los países latinoamericanos.  El modelo sugiere también el tipo de normas que deberían regir las relaciones interculturales en el mundo globalizado en el que vivimos hoy en día, que es un mundo plural en sus perspectivas políticas, en sus evaluaciones morales, en sus gustos estéticos, en sus creencias y prácticas religiosas, en sus preferencias sexuales, y en sus formas de vida; un mundo plural, en suma, en sus culturas.

Para ello analizaremos y explicaremos conceptos como los que ya hemos mencionado en los párrafos anteriores: “multiculturalidad”, “multiculturalismo”, “interculturalidad”, “interculturalismo”, “justicia social”, “necesidades básicas”, “cultura”, “autonomía”, “derechos individuales”, “derechos colectivos” y “derechos de grupo”.

Con la ayuda de estos conceptos, y con base en el modelo de sociedad multicultural que delinearemos, ofreceremos una fundamentación de la tesis de que en las sociedades multiculturales donde hay desigualdades entre pueblos o entre culturas, el establecimiento por parte del Estado –o de entidades supraestatales, o de organismos internacionales- de políticas de compensación o de un trato diferencial en la asignación de recursos a favor de los pueblos que tienen desventajas, se justifica sobre la base de un principio de justicia social.

Analizaremos pues algunos elementos de una teoría de la justicia social.  Veremos que sólo es justa aquella sociedad donde se garantiza la satisfacción de las necesidades básicas de todos sus miembros.  Pero como se verá en el libro, una necesidad básica es algo que sólo pueden determinar los propios interesados, en función de las tradiciones, las creencias, las normas y los valores, así como las expectativas y los proyectos y planes de vida individuales y colectivos que constituyen sus prácticas y su horizonte cultural.

Éste es el gran tema incomprendido, o que se aparenta no comprender, en el conflicto de Chiapas.  Pero no sólo en Chiapas, sino es el drama de todos los pueblos indígenas de México.  La cuestión es que no basta, no bastaría aunque se hubieran desarrollado políticas adecuadas para ello, con resolver el problema de la pobreza material.  Por supuesto que hay que hacer eso, y es urgente.  Pero es necesario asegurar la preservación de la identidad colectiva de los pueblos, así como la satisfacción de las necesidades básicas de sus miembros, las cuales deben ser determinadas por ellos mismos.  Pues las necesidades básicas están mediadas culturalmente, y la pertenencia a un pueblo bien puede ser una de esas necesidades para quienes han nacido y crecido en su seno.  Aunque al mismo tiempo hay que insistir que se trata de un derecho y no de una obligación.  Nadie puede obligar a nadie a permanecer dentro de un pueblo si no es por su propia voluntad.

En suma, en este libro se rechaza tajantemente la ideología que ha perdurado en nuestro país durante mucho tiempo, según la cual hay un “problema indígena”, relacionado con un “ser indígena” o una “naturaleza indígena”, frente al “ser no indígena”.  Se critica esa ideología que ha sustentado muchos de los programas indigenistas de México, y que hasta la fecha alimenta políticas del Estado como las que han llevado a crear instituciones de educación especiales “para indígenas”.  Como opción frente a esa concepción ideológica se defiende un modelo de sociedad multicultural que parte del reconocimiento de que en México realmente existen y conviven pueblos muy distintos, y se fundamenta en una posición filosófica en ética, en epistemología y en filosofía política conocida como pluralista, la cual se distingue y separa tanto de las posiciones absolutistas como relativistas, concepciones todas éstas que serán explicadas en el cuerpo del texto (capítulo 2).

Con base en ese modelo, y en virtud de su fundamentación pluralista, es posible proponer normas éticas y de convivencia política, así como instituciones que garanticen la justicia social para todas las personas y para todos los pueblos, respetando sus diferencias y la identidad y autonomía de cada uno.  Pero el modelo al mismo tiempo insiste en la necesidad de garantizar la participación de todos los pueblos y de todos los ciudadanos en el proyecto de una nación mexicana, multicultural, democrática y justa.

En sima, la tesis central de este libro es que, en virtud de que uno de los rasgos de la actual sociedad globalizada es la multiculturalidad, a partir de la cual se generan constantes conflictos, entre las condiciones necesarias para la resolución pacífica de problemas se encuentra el establecimiento de normas, de instituciones y de mecanismos que: a) favorezcan las relaciones interculturales en un contexto de justicia social, respetando y alentando la autonomía de los pueblos, incluyendo el acceso efectivo al control de sus recursos materiales; b) promuevan las prácticas de democracia participativa, y c) faciliten el aprovechamiento del conocimiento –incluyendo el científico y tecnológico- para el desarrollo económico y cultural de todos los pueblos.

Notas sobre el contenido

El libro se compone de cinco capítulos y un Apéndice.  Las ideas centrales de lo que llamamos “modelo multiculturalista”, o un “proyecto intercultural” para un país como México, se exponen en los cinco capítulos.  En ellos se presentan las principales tesis que complementan y desarrollan la discusión sobre el tema que he llevado a cabo en mi libro Multiculturalismo y pluralismo (Paidós-UNAM, México, 1999).  Sin embargo, en algunas partes, especialmente en los capítulos 2 y 3, se incluye la explicación de algunos conceptos que ya he discutido en ese libro –tales como el derecho a la diferencia, los derechos individuales, colectivos y de grupo, la identidad personal y la colectiva, o la autenticidad y la autonomía –cuya presentación, que aquí se hace de una manera reorganizada y modificada, es indispensable para la comprensión de las ideas centrales sobre una sociedad multicultural democrática y justa que se desarrollan en los capítulos 4 y 5, así como en el Apéndice.  La presentación de esos conceptos, pues, era necesaria para volver autocontenido al presente volumen.

En el Apéndice se reconstruye y se analiza un debate filosófico sobre la interculturalidad centrado en las aportaciones de tres importantes figuras del pensamiento iberoamericano de las últimas décadas: Ernesto Garzón Valdés, Fernando Salmerón y Luis Villoro.

Por medio de este debate se profundiza en la fundamentación ética y política de un proyecto intercultural adecuado para América Latina como el que se defiende en este libro.  De esa manera se subraya el papel de la filosofía en el diseño y la justificación del modelo multiculturalista, así como su utilidad a como guía para la toma de decisiones y para la acción en el contexto de las relaciones entre culturas.  Pero el Apéndice se centra además en la particular  importancia de la historia de la filosofía para la filosofía contemporánea, por ejemplo para responder a desafío como el de incidir en la comprensión del problema de la multiculturalidad y en sus posibles vías de solución.  Por esta razón esperamos que el Apéndice sea de interés para los estudiosos de la filosofía y de las ciencias sociales preocupados por la fundamentación ético-política de los modelos de sociedad adecuados para llevar adelante proyectos de cambio social en países multiculturales, y en particular en comprender los sentidos en que la historia de la filosofía puede ser relevante para esa fundamentación.  Pero también abrigamos la esperanza de que el Apéndice llame la atención de los interesados en la historia de la filosofía.

Los primero cinco capítulos pueden ser leídos de manera autocontenida, y podrían apoyar un curso sobre los problemas de la multiculturalidad y las relaciones interculturales en América Latina para estudiantes de cualquier disciplina, mientras que la lectura del Apéndice podría reservarse para estudiantes de filosofía y para estudiosos de las ciencias sociales interesados en profundizar en la fundamentación filosófica de los modelos adecuados para las sociedades multiculturales.

Sirva el Apéndice también como un  homenaje a tres figuras líderes del pensamiento social  y filosófico latinoamericano –Garzón Valdés, Salmerón y Villoro- quienes con su ejemplo y con su obra han marcado el rumbo para muchos colegas y estudiantes de las nuevas generaciones, y a quienes el autor de este ensayo debe un reconocimiento público por las enseñanzas que siempre ha recibido de ellos, y por el privilegio de  haber contado con su apoyo profesional y con su amistad personal.

1 En este libro mantenemos el uso ordinario del término “pueblos indígenas” para referirnos a los pueblos originarios que han habitado lo que ahora es el territorio nacional desde antes de la Conquista.  Pero de ninguna manera debe identificarse este uso con el sentido de “indio” o “indígena” como una categoría que abarca a todos los pueblos indígenas como una entidad social unitaria que contrasta con lo “no indio” o “no indígena”.  José del Val y muchos antropólogos han señalado que este sentido es un producto ideológico que se arrastra desde la Colonia.  Dicho uso ideológico de “indígena” es completamente opuesto a la concepción pluralista y multicuturalista que desarrollamos en este texto (cf. Warman, 2003, cap. 1).

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D.R. © 2004 Programa Universitario México Nacion Multicultural-UNAM Ciudad Universitaria, México D.F. Se autoriza la reproducción total o parcial de los textos aquí presentados,
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