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Colección editorial: La pluralidad Cultural en México



Política en el Chiapas rural contemporáneo
José Luis Escalona Victoria

Resumen

Los resultados de la investigación son presentados en cuatro partes. La primera se refiere a la formación histórica y crisis del campesinado de la región tojolabal, en el sureste de Chiapas, a través de la historia de una localidad en la segunda mitad del siglo XX. En términos generales, los tojolabales no vivieron en pueblos antiguos, como sus vecinos tzotziles y tzeltales del centro de Chiapas, sino como trabajadores de fincas. Estas son las unidades de propiedad y producción que dominaron la región desde el periodo colonial (siglo XVI hasta principios del XIX) y hasta el siglo XX. Sin embargo, a mediados de ese siglo la finca perdió su importancia como espacio de reproducción social, como resultado de la reforma agraria, dejando su lugar a las comunidades y las familias tojolabales. Las actuales comunidades tojolabales se formaron durante este reparto agrario.[1] Los cambios demográficos recientes, la expansión de la agricultura comercial y la presencia de instituciones gubernamentales en áreas rurales ha influido en la transformación de las condiciones sociales de la población. La comunidad analizada en este trabajo, por ejemplo, dejó de ser una población campesina básicamente monolingüe y se convirtió en una población bilingüe y con diferentes organizaciones, partidos políticos y religiones, integrada por agricultores pero también por jóvenes profesionistas y trabajadores itinerantes. La tierra misma ha perdido su valor relativo como medio de subsistencia para las familias. A pesar de estos cambios, la finca y la tierra tienen todavía un lugar central en la agenda y el imaginario político de la población, y en las organizaciones sociales, sus demandas y movilizaciones.

En la segunda parte de este trabajo analizaremos otros significados locales atribuidos a la tierra, a través de relatos, de procedimientos rituales y de prácticas de trabajo relacionadas con los usos y las representaciones del territorio. A diferencia de las posturas liberales sobre la igualdad, analizaremos cómo la población reconoce la existencia de diferencias esenciales entre las personas, marcadas por la edad, el sexo, el parentesco y, en particular, por la distinción entre la gente común y aquellos que tienen poderes especiales (poderes para curar o para tratar con entidades poderosas, tales como los santos o los fenómenos meteorológicos). Además, estudiaremos cómo el espacio social ha sido representado como un reino de intercambios jerarquizados entre entidades permeables, abiertas o susceptibles a ataques producidos por envidia o por malos deseos de los otros, que pueden causar enfermedad y muerte. Los vínculos entre las personas, y entre ellas y el ambiente trascienden el espacio físico, puesto que implican una serie de intercambios entre entidades benevolentes y malignas. Además, el mundo social y el espacio más amplio son lugares de constante lucha e inseguridad en torno a la sobrevivencia. La finca y la comunidad aparecen entonces no sólo como unidades sociales sino también como espacios de relaciones jerárquicas entre diferentes categorías de personas, como arenas de permanentes luchas, que se despliegan en el trabajo cotidiano y en la acción rural. Para explorar estos asuntos con mayor profundidad, se analizan los rituales con que se invoca la sacralidad y el orden jerárquico del espacio, así como las implicaciones pragmáticas de algunas ceremonias, es decir, los ritos para tener salud y buenas cosechas y para prevenir a las personas de la enfermedad y los ataques de brujos. Más que analizar estos elementos como parte de una coherente cosmovisión o un conjunto de nociones bien establecidas, lo que se propone es examinarlos como parte de un lenguaje de poder.

En la tercera parte, la esfera doméstica es analizada como un espacio central para la vida de estos campesinos, pues implica la organización en torno a un patrimonio común: la casa y la tierra. La esfera doméstica aparece también como un espacio privilegiado para el despliegue de categorías y diferencias sociales importantes. Se estudian las diferencias sociales fundadas en el sexo, la edad y el parentesco de los participantes, en cuanto a sus implicaciones para el desarrollo de los grupos familiares, las prácticas organizativas en torno a la sobrevivencia y las tensiones que surgen de la colaboración familiar. Propongo que estas categorías son otra parte central de la forma en la cual las personas interpretan y representan las relaciones sociales más amplias y, por lo tanto, constituyen otra parte del lenguaje del poder. No se trata de un discurso sistemático y coherente, sino de un marco de categorías sociales con las que se representa el mundo social; en él la incertidumbre y la ambigüedad son elementos permanentes (lo que expresa, en otros términos, las dificultades que surgen de enfrentar, reproducir y transformar las relaciones de poder). Se propone que las categorías sociales y sus múltiples significados no generan un mundo claro de normas y lineamientos para la conducta, sino que son, principalmente, parte de un lenguaje que permite a las personas entender el mundo social y moverse en él, expresando las tensiones y los conflictos que eso implica.

En la cuarta parte son analizados algunos elementos que podrían ser clasificados como “políticos” (los discursos sobre la lucha agraria, el campesino y su derecho a la tierra; las movilizaciones para tomar la Presidencia municipal o la participación en elecciones) pero que a la luz de las categorías sociales locales y sus significados son parte de las estrategias de sobrevivencia de las familias. Analizaremos cómo la participación política es influida de manera importante por los entendimientos locales de poder, que son también entendimientos espontáneos del mundo social, heredados de la sociedad agraria jerárquica en transición. Por ejemplo, las historias sobre las fincas y la reforma agraria son construidas como relatos acerca de fuerzas naturales y hombres poderosos que pelean entre ellos para alcanzar cierto nivel de influencia sobre la tierra. En una de las historias la preeminencia y riqueza de un antiguo patrón de finca son explicadas a partir de su alianza con fuerzas dominantes en el espacio jerárquico más amplio (fuerzas transhumanas). Al mismo tiempo, las historias sobre liderazgo, en particular la que se refiere al asesinato de un líder agrario, son construidas como historias de brujos acusados de echar mal a los vecinos. Las movilizaciones, como la toma de la Presidencia municipal, son desarrolladas y narradas posteriormente a partir de las formas cotidianas de diferenciación social.

En general, se podría decir que las expresiones políticas del campesinado han sido analizadas como parte de amplios “movimientos sociales” o como simples expresiones de “manipulación”; sin embargo, más que enfocarnos en los actores políticos amplios, tales como los partidos políticos, las organizaciones o la guerrilla, propongo un enfoque centrado en las relaciones entre participación política, por un lado, y las representaciones locales del mundo social y del poder, por el otro.

En el último capítulo señalo algunas de las tendencias de cambio en las formas de representar el mundo social, esto es, el entendimiento de la sociedad y el poder. Muchas de las actividades rituales relacionadas con una visión jerárquica del espacio y de los intercambios que tienen lugar en él están siendo abandonadas paulatinamente, como resultado de los cambios recientes en los medios básicos de subsistencia, tales como el incremento en la importancia económica del trabajo estacional fuera de la población o el crecimiento del número de empleados y profesionistas, y también por la llegada de nuevas religiones y organizaciones políticas. Todos estos elementos parecen impulsar un lento pero significativo cambio en las formas de categorización prevalecientes a nivel local. Conforme iba avanzando la investigación, era más evidente cómo los partidos políticos, las organizaciones campesinas, las iglesias, los maestros bilingües y otras asociaciones y personajes influían en la transformación de las formas de representar el mundo social. En el capítulo primero, escrito más bien para especialistas, se desarrollan algunos elementos de la perspectiva general que enmarca el análisis, y que denomino una antropología del poder.

[1] Se trata de una política gubernamental de redistribución de tierras que implicó la expropiación de las grandes propiedades para dar tierra a campesinos desposeídos y a trabajadores agrícolas. Fue instituida después de la llamada “Revolución mexicana” de principios del siglo XX.

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