I.2 POBLACIÓN

 

Magnitud

La población indígena en México asciende a más de 12 millones de personas, cifra que representa 13% del total de la población mexicana, y se caracteriza por hablar más de 60 lenguas diferentes al español.1

A pesar de la amplia experiencia mexicana en trabajos censales, así como en estudios demográficos, antropológicos y lingüísticos, subsisten limitaciones tanto en los instrumentos de captación como en los de divulgación de información sobre la población indígena. A partir de la base numérica del XII Censo General de Población y Vivienda 2000 se sabe que la población indígena de México no sólo ha superado las previsiones de crecimiento estimadas a mediados del siglo XX sino que casi se ha triplicado.

 

La población indígena se ha incrementado significativamente en los últimos 50 años. Los Hablantes de Lengua Indígena (HLI) de 5 años y más pasaron de 2.4 millones en 1950 a 6.0 en el año 2000. Este último dato confirma una tendencia de las últimas siete décadas. El número de HLI se ha incrementado en términos absolutos, al mismo tiempo que se observa un decremento en términos relativos, ya que en 1930 eran 16% del total de la población mexicana de 5 años y más, en tanto que en el 2000 fueron 7%.

 

Los registros muestran que la población indígena crece a tasas superiores a la media nacional; no obstante, existe una mortalidad superior a la del resto de la población. A partir de la década de los ochenta el crecimiento de la población en las regiones indígenas ha disminuido, posiblemente a causa del descenso en la fecundidad y de un incremento en la migración.

Héctor Vázquez, Fonoteca INI


Distribución y dispersión

La población HLI no presenta estructuras homogéneas en su distribución. El crecimiento de la población indígena por entidades federativas muestra que mientras la tasa media anual de crecimiento de los HLI a nivel nacional fue de 2.3 y de 0.8 durante los periodos 1970-1990 y 1990-1995; Baja California vio incrementada su población indígena en 3.8 y 4.1, Baja California Sur en 17.0 y 4.6, y Nuevo León en 9.5 y 9.0. En contraste, estados con fuertes contingentes de población indígena como Chiapas, Guerrero y Oaxaca mostraron tasas de 4.7 y 1.4, de 3.2 y 1.4, y de 2.1 y 0.2, respectivamente.

La proporción de HLI en las entidades federativas presenta diferencias. En el año 2000, mientras que en Aguascalientes, Coahuila y Zacatecas representa el 0.15% de la población de 5 años y más; en los estados de Yucatán, Oaxaca, Chiapas y Quintana Roo representa el 37.3%, el 37.1%, el 24.6% y el 22.9%, respectivamente.

Conforme a las cifras del Censo de 2000, 12 entidades concentran más de 5.4 millones de HLI, y los 624 878 restantes se encuentran dispersos en el resto de los estados.

Nacho López, Fonoteca INI

 

 

 

En materia de políticas públicas, la atención a la población indígena dispersa en localidades es uno de los mayores retos a solucionar. Con frecuencia, los modelos de trabajo institucional y los programas de extensión de cobertura señalan los desafíos que representa el patrón de población indígena dispersa en pequeñas localidades. El conteo de 1995 registró unas 40 000 localidades con presencia indígena, de las cuales casi 18 000 mostraron concentraciones de 30% y más de HLI, y de éstas, 13 665 tenían 70% o más del mismo grupo poblacional.

De acuerdo con los datos del Conteo de 1995, de cada 100 HLI de 5 años y más, 65 vivían en una localidad rural (menos de 2 500 habitantes) 19 residían en una semiurbana (más de 2 500 y menos de 15 000 habitantes) y 16 lo hacían en una localidad urbana (mayor de 15 000 habitantes). Esta distribución por sí misma muestra el aislamiento geográfico al que se suman las escasas o nulas vías de comunicación.

La atención con servicios y programas institucionales a estas pequeñas localidades se dificulta debido a su dispersión, lo que tiende a mantener su exclusión.


 

 

Calidad de vida en municipios indígenas

Para el año 2000, de los 2 443 municipios que existen en nuestro país, 803 pueden ser calificados como indígenas en la medida que concentran 30% y más de Población Indígena Estimada (PIE).4 De 801 municipios indígenas,5 sólo tres son de muy baja marginación, 12 son de baja, 79 de media, 407 de alta y 300 de muy alta marginación. El 88% de los municipios indígenas se encuentra en condiciones de alta y muy alta marginación.

 

    Nacho López, Fonoteca INI / César Ramírez, Fonoteca INI

 

El grado de marginación se acentúa en las más de 13 mil localidades indígenas con 70% o más de HLI.8 El mayor número de estas localidades se concentra en el estado de Chiapas con 2 989, que representan 22.2% a nivel nacional; le sigue el estado de Oaxaca con 2 563, que son 19% y Veracruz con 1 742 localidades equivalentes al 12.9%.

César Ramírez, Fonoteca INI

 

Las más de 13 mil localidades con 70% o más de HLI tienen los siguientes grados de marginación: en el 85% de ellas es muy alta, en 10.4% es alta, el 3.8% tiene marginación media y en 0.6 tiene baja y muy baja marginación. Las localidades en las que viven los indígenas mexicanos son de alta y muy alta marginación en un 95.4%. Menos del 5% de las localidades indígenas de México cuenta con los servicios a la vivienda, trabajo, ingresos y educación.

 

Migración

Los indígenas son un segmento poblacional fundamentalmente rural, pero la migración está alterando en forma significativa la ubicación y las estructuras de edad y sexo de los diversos grupos lingüísticos.

La migración tiene múltiples causas, tanto estructurales como coyunturales: crecimiento poblacional y presión demográfica sobre la tierra, deterioro ecológico, devastaciones por fenómenos meteorológicos, escasez de empleo y disminución del ingreso, explotación de la fuerza de trabajo; inexistencia o insuficiencia de servicios básicos (electricidad, agua potable, escuelas, centros de salud, etcétera), difícil o nulo acceso al crédito y a nuevas tecnologías, violencia armada y caciquismo, entre otros factores. Lo anterior, aunado a la expectativa de lograr una vida mejor fuera de las regiones de origen, está produciendo cambios en la configuración de las poblaciones. Hoy es posible distinguir cuatro tipos de asentamientos indígenas:

  • Regiones rurales tradicionales
  • Regiones de desarrollo agroindustrial y su periferia
  • Ciudades grandes, medianas y pequeñas de México
  • Campos y ciudades de Canadá y Estados Unidos, incluidos territorios tan alejados como Alaska

Los pueblos con mayor migración son los purépechas, los mayas, los zapotecos, los mixtecos de Guerrero, Oaxaca y Puebla; los mazatecos de Oaxaca, los otomíes de Hidalgo, Estado de México, Querétaro, Puebla y Veracruz; los nahuas de Guerrero, Hidalgo, Estado de México, Veracruz y San Luis Potosí; los chinantecos de Oaxaca, los kanjobales de Chiapas, los totonacas de Veracruz, los mazahuas del Estado de México, los choles de Chiapas y los mixes de Oaxaca.

Héctor Vázquez, Fonoteca INI

 

Para 1995, 85% del total de migrantes indígenas de todo el país pertenecía a alguno de los 13 pueblos arriba mencionados. En el caso de los HLI con muy pocos parlantes, la dispersión de su población a causa de la migración impacta directamente en la permanencia de estos pueblos. Es el caso de grupos como el kekchí, quiché, tepehuán, cucapá, chocho, pima, cakchiquel, kiliwa, chichimecojonás, mame, cochimí, jacalteco, pápago y lacandón, entre otros.

Los migrantes indígenas se han asentado en los campos agrícolas de la frontera norte y noroeste, en alrededor de 105 ciudades mexicanas y en el campo y ciudades de Estados Unidos y Canadá.

En el transcurso de 1995 casi la décima parte de la población indígena cambió de residencia al interior del país. Diez entidades recibieron en conjunto casi 370 mil migrantes, que representan 84% del total de indígenas que se desplazaron ese año. Éstas son: Distrito Federal (85 937), Estado de México (75 558), Veracruz (69 494), Baja California (38 397), Campeche (21 379), Sinaloa (18 141), Puebla (15 072), Jalisco (14 359), Tamaulipas (12 608) y Tabasco (18 892).

Las mujeres se han integrado a las corrientes migratorias lo que supone cambios en diversos aspectos de su vida. Cuando permanecen en sus comunidades, ellas asumen las responsabilidades del cónyuge con lo que se incrementa la carga de trabajo que se les ha asignado culturalmente.

Destacan como polos de atracción grandes ciudades como: México y su área conurbada, Guadalajara, Tijuana, Ciudad Juárez, Culiacán, Acapulco y Mérida; ciudades medias como Tehuacán, Cancún, Chetumal, Matamoros, Coatzacoalcos, Ensenada, La Paz y Puerto Vallarta; por último, algunas ciudades pequeñas con fuerte presencia indígena entre las que sobresalen San Cristóbal de las Casas, Juchitán y Tuxtepec.

El territorio mexicano se ha convertido en una importante zona de tránsito o de residencia de una gran cantidad de indígenas provenientes de Centroamérica, cuya intención original es llegar a Estados Unidos y Canadá.

La atención a los migrantes es un aspecto a considerar en los programas gubernamentales, en términos de movilización de recursos humanos, técnicos y financieros, así como en el diseño de modelos específicos de atención que permitan instrumentar programas para este sector. Es indispensable que se promueva el respeto a sus derechos como migrantes en sus nuevos lugares de residencia. Es necesario también que se apliquen programas en las regiones de origen de los migrantes y que éstos incluyan el desarrollo de infraestructura básica, proyectos productivos, fuentes de financiamiento, creación de fuentes de trabajo y mejoramiento de la educación escolarizada; todo ello bajo un enfoque de género.

Remesas de los migrantes

Cuatro son las razones por las que estas remesas deben considerarse en la apreciación global de las posibilidades de desarrollo de los pueblos indígenas de México:

1) por su volumen, sólo apreciado parcialmente en la medida en que los cálculos de los investigadores únicamente exploran los datos de las remesas registradas (aunque ya comienzan a hacerse estimaciones de lo no registrado); 2) por su impacto en las economías locales y regionales (se calcula que en las regiones indígenas hasta un 50% de los envíos son aplicados, mediante acuerdos comunitarios, en obras de interés social); 3) por las consecuencias que acarrea para cualquier estrategia de planificación su justa valoración; 4) por la necesidad de proteger los envíos, sujetos a riesgo de pérdidas, robos o desvíos.

Estudios recientes del Banco Mundial, CONAPO, BANCOMEXT, investigadores mexicanos y estadunidenses así como organismos no gubernamentales, sitúan a las remesas de los migrantes -que por decenas de miles se encuentran hoy en Estados Unidos y Canadá- como la segunda o tercera fuente de "divisas fuertes" que ingresan al país.

 

Diversidad lingüística

Con base en los datos del Censo de 2000, el INI reporta la existencia de por lo menos 62 lenguas indígenas para un total de 6 044 547 hablantes de 5 años y más.

 

 

Mientras que una sola lengua, el náhuatl, tiene cerca de millón y medio de hablantes (24% del total de HLI, tres lenguas) -el maya, el zapoteco y el mixteco- son habladas por 800 291, 452 887 y 444 498 personas, respectivamente (28% del total de HLI); 11 lenguas son habladas por grupos que van desde 297 561 a 118 924 individuos (35% del total de HLI); en tanto que 47 lenguas son habladas por grupos que van de 99 389 a 40 hablantes (11% del total de HLI). De estas últimas, 34 lenguas poseen menos de 15 000 hablantes cada una (1.5% del total de HLI) y 12 registraron menos de 300 hablantes (0.02% del total de HLI).

El futuro de un grupo importante de lenguas indígenas, claramente minoritarias, es incierto. Se encuentran en situación de vulnerabilidad dado que el intercambio lingüístico es limitado. Por otra parte, estas lenguas no han sido objeto de sistematizaciones con fines de lecto-escritura ni se expresan en los medios de comunicación y los materiales escolares son escasos o inexistentes. En consecuencia sus hablantes compiten en una situación de clara desventaja frente al español e, incluso, frente a otras lenguas indomexicanas por lo que corren el riesgo de desaparecer.

En el Censo de 2000 se reportan 1 002 236 monolingües que representan 16.6% del total de HLI de 5 años y más. Este dato cambia la tendencia descendente observada en años anteriores ya que, en 1995, de un total de 5 483 555 HLI de 5 años y más, se reportaron 808 060 monolingües (14.7%).

En el total de monolingües reportado en 2000, predominan las mujeres que representan 63.1%. Resalta la proporción de monolingües entre las hablantes de tzotzil (64.1%), tzeltal (61%) y amuzgo (56.1%). Cabe destacar la gran importancia de la reproducción lingüística en el hogar y el papel que desempeñan las mujeres en la transmisión de la lengua.

Para el caso de la población masculina, los mayores índices de monolingüismo se encuentran en los hablantes de amuzgo (43.9%), tzeltal (39%) y tzotzil (36%). Así pues, las entidades con mayores índices de monolingüismo son Chiapas y Guerrero.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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