I.5
Cultura y derechos
La
cultura
La
permanencia de los pueblos indígenas y su supervivencia histórica
en las condiciones más desventajosas ha sido posible gracias a
la cultura. Ésta es la base de la identidad, fortalece los lazos
de unidad y es el factor que mantiene, reproduce y cohesiona a los pueblos.
Las
culturas indígenas poseen maneras propias de ver y entender el
mundo, así como formas específicas de organización
y cohesión social. Entre las características que las distinguen
destacan su integralidad y su modo de vida comunitario. La integralidad
consiste en la interrelación de lo imaginario y lo simbólico
con lo material y es un elemento sustancial de la cosmovisión indígena.
Difícilmente se puede entender esa diferencia si se desconoce el
vínculo de los pueblos con la tierra, la que tiene una dimensión
que va más allá de la propiedad y de lo productivo. La relación
que el indígena establece con la naturaleza se basa en principios
de interdependencia, el sentirse parte de la naturaleza y no dueño
de ella. De esta manera de concebir su estancia en el mundo se desprenden
y adquieren significado su concepción de desarrollo y sus manifestaciones
culturales y artísticas. El modo de vida comunitario se refiere
a la visión solidaria de hacer las cosas, a las alianzas que hacen
posible la cooperación y al sentido comunitario que tiene la organización
social, productiva y ritual.
Las
culturas de los pueblos indígenas no son homogéneas ni estáticas.
La integralidad y los modos de vidas comunitarios expresados desde sus
propias circunstancias históricas y geográficas constituyen
elementos que las identifican y ponen de manifiesto la diversidad cultural.
En
los últimos años, esta diversidad se ha visto acrecentada
por la movilidad de la población indígena, principalmente
hacia polos urbanos. El asentamiento de pobladores indígenas en
nuevos espacios rurales, urbanos e incluso internacionales ha provocado
necesarias readecuaciones de sus culturas con la finalidad de permitir
su adaptación a las formas de vida en ellos.
En
México, la política de asimilación y castellanización
que se propuso la integración cultural de los indígenas
se sustentó en la concepción de que ellos participaban de
una cultura que pertenecía al pasado. El desconocimiento de la
composición étnica, lingüística y cultural del
país, así como la falta de políticas adecuadas para
abrir espacios a la pluralidad fomentan actitudes de intolerancia e incomprensión
del mundo indígena. El cine y la televisión han contribuido
también a reproducir una imagen estereotipada, folclórica
y peyorativa de los indígenas mexicanos, a quienes, en muchos casos,
presentan como ignorantes e incapaces de resolver sus problemas.
Diversidad
lingüística y cultural
La
diversidad es nuestro proyecto. Por ello, pensamos que no puede haber
igualdad mientras nuestras lenguas y culturas sigan subordinadas; no puede
haber verdad mientras se siga negando nuestra existencia, no puede haber
razón mientras no comprendamos que la diversidad es riqueza, no
puede haber equidad mientras se privilegie una cultura y se someta a las
otras. No puede haber respeto mientras la discriminación persista
y no puede haber justicia mientras el flagelo de la marginación
social, económica y cultural forme parte de la vida cotidiana de
nuestros pueblos.
Declaración
de los Escritores en Lenguas
Indígensas en torno a la diversdad étnica,
limgüística y cultural de México, octubre de 1997
La
escasez de recursos ha impedido a las comunidades indígenas generar
excedentes que en parte eran aplicados a su reproducción cultural,
obligándolas a recurrir cada vez con mayor frecuencia a la solicitud
de apoyos económicos gubernamentales y privados.
La migración constituye otro factor que modifica los sistemas culturales
de los pueblos indígenas e inaugura otras formas de expresión
y recomposición cultural propiciadas por el contacto con los nuevos
espacios territoriales. En este contexto, la integralidad de las culturas
indígenas y los modos de vida comunitario se ven inmersos en procesos
diferenciados de pérdida o de reconstitución desarrollados
generalmente en condiciones adversas. Por ejemplo, la comunidad ha funcionado
como estrategia de sobrevivencia al facilitar el desarrollo de redes sociales
que generan condiciones para favorecer los procesos de adaptación
de los nuevos migrantes, ayudándoles a conseguir vivienda, educación
y empleo, fortaleciendo así los lazos de solidaridad entre los
miembros de la nueva comunidad.
A
pesar del incremento de la acción institucional en los últimos
años, ésta es aún insuficiente. Los programas culturales
desarrollados por las instituciones suelen ser marginales y mantienen
una visión patrimonialista, los presupuestos han sido limitados
y las acciones desarticuladas y coyunturales.
Los
Fondos para la Cultura Indígena (INI) y el Programa de Apoyo a
las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC) del Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes (CONACULTA) se proponen la preservación
y desarrollo de las culturas indígenas y el fortalecimiento de
solidaridades sociales, étnicas e interétnicas. En el penado
1995-2000 apoyaron 8 765 proyectos culturales.
Ante
la diversidad que representan las culturas indígenas urge dar respuestas
integrales a las demandas, para lo cual se requiere trazar políticas
de atención que reconozcan las particularidades que caracterizan
a las culturas indígenas como partes constitutivas de la nación
y ampliar la cobertura de los programas culturales.
Las
políticas públicas deben reconocer y revalorar las culturas
indígenas. La atención y el fortalecimiento de las culturas
de los pueblos indígenas redundará en mejores condiciones
para el desarrollo integral tanto de los pueblos como del conjunto de
la sociedad.
Cultura y demanda indígena
Las
propuestas culturales y las solicitudes de apoyo fueron abundantes. Destacan
las siguientes:
La
necesidad de la preservación, desarrollo y uso institucionalizado
de sus lenguas; la preservación de múltiples tradiciones
y saberes alimentarios, artesanales y artísticos; el reconocimiento
de sus sistemas normativos y formas de organización; el acceso
efectivo a los medios de comunicación y al uso de tecnologías
de la información como soporte de su labor cultural; la protección
del patrimonio "visible e invisible"; la protección y
el acceso a los lugares sagrados; la necesidad de formar cuadros técnicos
indígenas especializados en la temática cultural; la creación
de una infraestructura cultural y el apoyo a los intelectuales y creadores
indígenas es una propuesta prioritaria de los pueblos indígenas.
Se
suman las demandas de las mujeres indígenas, quienes reclaman el
reconocimiento del trabajo que realizan para el desarrollo de sus comunidades.
Foros
de consulta
Instituto Nacional Indigenista
Medios
masivos de comunicación
Las
tecnologías de la información y de la comunicación
han adquirido un valor estratégico. A pesar de la abundancia de
información que el tema indígena ha producido en los últimos
años en los medios de comunicación convencionales y, de
modo novedoso, en las redes informáticas, el tema está ausente
en los medios audiovisuales públicos y privados. Frente a ello,
existe una demanda indígena definida alrededor de dos ejes: el
derecho a la información y el acceso efectivo a los medios de comunicación.
La construcción y consolidación de nuevos vínculos
entre el Estado, los pueblos indígenas y la sociedad nacional podrán
lograrse si se modifica y se hacen innovaciones en esta materia.
En
los medios audiovisuales comerciales la programación sobre temas
indígenas y, en general, sobre la diversidad cultural del país
está ausente. Con frecuencia, en el cine, la radio y la televisión
se proyecta una imagen denigrante, discriminatoria y prejuiciada del indígena,
a quien se muestra como ignorante y reticente al progreso. Por otra parte,
las radiodifusoras y los canales de televisión gubernamentales
(metropolitanos o estatales) suelen dedicar mayor tiempo-espacio al tema,
pero de una manera poco integrada y para un público notablemente
más restringido.

Fonoteca
INI
Los
esfuerzos del INI y del Instituto Mexicano de la Radio (IMER) son, en
este panorama, excepcionales: Radio Solidaridad, del IMER, posee una programación
constante en lengua maya para una amplia audiencia peninsular. Asimismo,
otras emisoras del propio Instituto tienen programación regular
en lenguas indígenas. Por su parte, las 24 emisoras del Sistema
de Radiodifusoras Culturales Indigenistas del INI transmiten todos los
días en 31 lenguas indígenas y en español, para una
audiencia de 6 millones de radioescuchas indígenas y casi 16 millones
de no indígenas. Las televisoras universitarias, los canales 11
y 22, el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, la televisión
y radios culturales de Chiapas, Oaxaca y Michoacán, Radio Educación
y Radio Universidad, entre otras, han realizado un importante esfuerzo
aunque limitado por la desigualdad de audiencia con los consorcios privados.
En
las dos últimas décadas se han llevado a cabo experiencias
de comunicación por parte de los propios pueblos indígenas.
Más de 200 organizaciones productivas, de derechos humanos y culturales
recurren al video y participan activamente en proyectos independientes
u oficiales, como es el caso del Programa de Transferencia de Medios Audiovisuales
a Comunidades y Organizaciones Indígenas del INI, y las producciones
o apoyos que brinda la Dirección de Televisión Educativa
de la SEP o el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa
(ILCE).

Fernando
Rosales, Fonoteca INI
La
difusión a través de la Red EDUSAT ha abierto un nuevo campo
de posibilidades que podrían potenciarse, mitigar el aislamiento
de las comunidades, permitir el uso y desarrollo de las lenguas indígenas
y abrir paso a las producciones de grupos comunitarios, intelectuales
y creadores indígenas.
Los
medios masivos de comunicación pueden ser herramientas privilegiadas
para combatir la exclusión, así como para afianzar los valores
de la diversidad, dado que son los que tienen mayor penetración
en amplios sectores de la población. Es necesario promover, a través
de ellos, el reconocimiento a la diversidad e identidad de los pueblos
indígenas.
Derechos indígenas
y acceso a la justicia
La
justicia es una demanda que ha sido planteada con insistencia por los
pueblos indígenas y se centra en dos aspectos. En primer término
se reclama el acceso, en condiciones de igualdad, a la jurisdicción
del Estado; que se imparta justicia eficaz y con respeto a sus garantías
individuales y a su diferencia cultural. En segundo, el establecimiento
de nuevos derechos fincados en el reconocimiento de sus especificidades
culturales y étnicas.
Hay
campos específicos en los que la impartición de justicia
es relevante por su problemática: penal, agrario, civil y laboral.
*
Penal
En
esta materia, en 1991 se efectuaron modificaciones importantes a la legislación
penal para incorporar el derecho de los indígenas a contar con
un traductor en todos los juicios y procedimientos en los que sean parte,
con la finalidad de que las autoridades encargadas de administrar o impartir
justicia se entiendan con las personas a juzgar, y los juzgados con las
autoridades que los juzgan. De igual forma, se otorgaron facultades a
los jueces para allegarse peritajes culturales, con la finalidad de tener
en cuenta las costumbres de quienes están sujetos a proceso antes
de dictar sentencia. Los peritos culturales explican a las autoridades
las expresiones y el significado de la diferencia cultural y su influencia
en la comisión de conductas delictivas sancionadas por las leyes
penales.
A
pesar de estas previsiones legales, no existe todavía una práctica
institucional que brinde estos servicios a los inculpados y por lo tanto
garantice la salvaguarda de estos derechos, por lo que en gran parte de
los casos son derechos nugatorios.
Es
común que los indígenas involucrados en procesos penales
desconozcan sus derechos, carezcan de una asesoría adecuada en
su defensa jurídica y queden en estado de indefensión debido
a las condiciones de pobreza en la que viven. La pobreza, además,
se erige como un obstáculo insalvable para quienes sufren prisión,
ya que en la mayoría de los casos se ven imposibilitados para alcanzar
la libertad, al no contar con recursos para el pago de fianzas, cauciones,
sustitutos penales, multas y reparaciones de daños. La falta de
conocimiento de quienes imparten justicia, la escasa capacitación
en esta materia y las actitudes discriminatorias también inciden
sobre los derechos de los indígenas.
El
cultivo de enervantes, en algunas regiones indígenas, junto con
el incremento de la pobreza han incrementado los factores que influyen
en la privación de la libertad de los indígenas.
Otro
problema radica en la impunidad de quienes ejercen actos delictivos en
contra de indígenas y sus comunidades.
En
diciembre de 2000, los centros de reclusión que existen en el país
registraron 7 431 indígenas privados de su libertad. La mayoría
se concentró en reclusorios de los estados de Oaxaca, Veracruz,
Puebla, Chiapas y Sonora. El 82.6% de los hechos delictivos en los que
se vieron involucrados eran competencia del fuero común.
Los
presos indígenas enfrentan dificultades ya que en sus procesos
penales carecen de una adecuada defensa, de un traductor, de la consideración
de su diferencia cultural y de recursos económicos.
*
Agrario
El
vínculo y apego que los pueblos indígenas tienen a la tierra,
la hace un ingrediente cultural que va más allá de su propiedad.
En
los municipios con población indígena existen 26.9 millones
de hectáreas rústicas. En los municipios con más
de 30% de población indígena existen más de 6 000
núcleos agrarios, 79% son ejidos y 19% son comunidades, aunque
también participan de la propiedad privada. En los tres tipos de
propiedad predomina el minifundio.
De
acuerdo con un estudio de la Procuraduría Agraria (2001), la regularización
de las tierras en esos núcleos agrarios apenas representa el 58.9%
y el 31.4% de la superficie.
Varios
de los conflictos agrarios de mayor dificultad y sin definitividad jurídica
se ubican en ejidos o comunidades indígenas. Los principales problemas
se dan por límites con otros núcleos, por exclusión
de supuestas pequeñas propiedades a su interior y por sobreposición
de planos. Estos conflictos limitan el desarrollo de las comunidades y
obstaculizan su acceso a programas gubernamentales que se basan en la
tierra, y a la protección y usufructo de los recursos naturales.
En
particular, existen algunos conflictos agrarios en zonas indígenas
que merecen atención especial por el riesgo social que entrañan.
-
Chiapas-Oaxaca: comunidades chimalapas y los poblados del noroeste de
Cintalapa
- Jalisco-Nayarit:
región huichol
- Durango-Zacatecas:
comunidad Santa María de Ocotán y Xoconoxtle y ejido Bernalejo
de la Sierra
- Durango-Nayarit:
comunidades de Santa Teresa, El Nayar, San Francisco de Ocotán
y Mezquita)
- Chiapas:
zona lacandona, Nicolás Ruiz y Venustiano Carranza
- Michoacán:
meseta purépecha
- Oaxaca:
San Francisco del Mar y San Francisco Ixhuatán, San Juan Lalana
y sus anexos
- Sonora:
región yaqui. Cajeme, Guaymas y Bacum
Las
controversias agrarias surgen principalmente por la posesión de
parcelas, por sucesión de derechos, por desacuerdos con los órganos
de representación del ejido o la comunidad. En el año 2000,
la Procuraduría Agraria recibió 16 810 casos de esta naturaleza
en los núcleos agrarios enclavados en los municipios indígenas,
de los que 58.4% fueron controversias individuales y el resto por límites
con pequeñas propiedades, entre comunidades y ejidos, y por restitución
de tierras, bosques y aguas.
La
inseguridad en la posesión de la tierra lleva implícita
también la de la apropiación de los recursos naturales.
Los actos de despojo e invasión, la explotación ilegal de
los bosques y la biopiratería ponen en riesgo el patrimonio de
muchos ejidos y comunidades indígenas.
*
Civil
La
falta de documentos del registro civil es una realidad que afecta a los
integrantes de las comunidades indígenas. El difícil acceso
al registro civil por parte de los indígenas limita su acreditación
ante los órganos de administración y procuración
de justicia, y la posibilidad de recibir servicios públicos y participar
en programas gubernamentales. Carecer de acta de nacimiento no es sólo
la falta de un papel, sino la imposibilidad de acreditar la identidad
y la nacionalidad de un individuo.
No
se cuenta con un diagnóstico general sobre la dimensión
de este problema, pero un estudio realizado en el año 2000 por
el INI en seis comunidades de Guerrero, detectó que alrededor del
30% de sus habitantes no poseía acta de nacimiento. Es presumible
que esta dimensión se comparta en la mayor parte de las regiones
indígenas.
En
el subregistro influye la dispersión de la población indígena
y la lejanía de las oficialías de las comunidades, el costo
del traslado y el pago de servicios extemporáneos. Influye también
no contar con el servicio en la lengua propia.
*
Laboral
El
proceso creciente de migración de los indígenas en busca
de opciones laborales, que los incorpora como jornaleros agrícolas
y trabajadores, no ha ido acompañado de la protección de
sus derechos. En general, los indígenas migrantes se encuentran
en estado de indefensión, más aún en la situación
de los migrantes internacionales indocumentados.
El
apoyo legal a los migrantes indígenas representa un reto, especialmente
en materia de difusión y capacitación.
El
Senado de la República ratificó, en 1990, el Convenio 169
de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas
y Tribales, y el Ejecutivo Federal publicó el decreto en el Diario
Oficial de la Federación ese mismo año, que entró
en vigor en 1991. En 1992 se reconoció en la Constitución,
en su artículo 40, la composición pluricultural de la nación
mexicana, sustentada originalmente en sus pueblos indígenas, con
lo que se sentaron las bases para la promoción y defensa del desarrollo
de sus lenguas, culturas y formas específicas de organización
social; y estableció el derecho de los pueblos indígenas
a acceder efectivamente a la jurisdicción del Estado.
La
reforma a los artículos 1°, 2°, 18 y 115 de la Constitución,
publicada en el Diario Oficial de la Federación el 14 de agosto
de 2001, profundiza ese reconocimiento, especialmente en el artículo
2°. En él se reitera la composición pluricultural de
la nación, sustentada originalmente en sus pueblos indígenas
y se reconoce y garantiza el derecho de los pueblos y comunidades indígenas
a la libre determinación y, en consecuencia, a la autonomía
para decidir sus formas internas
de convivencia y organización social, económica, política
y cultural; a aplicar sus normas en la regulación y solución
de sus conflictos internos, entre otros.
Asimismo,
establece obligaciones a la Federación, los estados y los municipios
para promover la igualdad de oportunidades, eliminar prácticas
discriminatorias y para establecer las instituciones y políticas
que garanticen la vigencia de los derechos de los indígenas y el
desarrollo integral de sus pueblos y comunidades, las que deberán
ser diseñadas y operadas conjuntamente con ellos.
A
pesar de los significativos avances que los pueblos indígenas han
logrado en el marco jurídico, muchos actores indígenas y
no indígenas han expresado su inconformidad ante la reciente reforma
y han señalado la necesidad de seguir trabajando, tanto para profundizar
esos derechos en leyes secundarias y en legislaciones estatales y normas
municipales, como en el reconocimiento de los pueblos como sujetos de
derecho colectivo, y su derecho al territorio, al uso y disfrute de los
recursos naturales y a su participación en diversos ámbitos
de representación política y órdenes de gobierno.
El
reconocimiento de derechos a los pueblos indígenas y su ejercicio
efectivo es uno de los pilares esenciales en la construcción de
una nueva relación entre el Estado, los pueblos indígenas
y el conjunto de la sociedad.
Ámbito
internacional
La
presencia internacional de la temática indígena ha crecido
notablemente desde la histórica reunión de Barbados I (1971).
Los pueblos indígenas, que no poseían representación
formal en ninguno de los organismos de Naciones Unidas ni en los del Sistema
Interamericano, han logrado avances significativos. Destacan la proclamación,
en 1993, del Año Internacional de las Poblaciones Indígenas
del Mundo; el establecimiento del Decenio Internacional de las Poblaciones
Indígenas del Mundo en 1994; y la creación en el año
2000 del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas con el mandato
de examinar aspectos relativos al desarrollo económico y social,
la cultura, el medio ambiente, la educación, la salud y los derechos
humanos en el seno del Consejo Económico y Social (ECOSOC). No
obstante, la aprobación de dos instrumentos en materia jurídica
internacional han sufrido retrasos considerables: la Declaración
Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU,
en la que se reconocerán los derechos humanos básicos y
las libertades fundamentales de las poblaciones indígenas, y la
Declaración Americana, elaborada en el seno de la Organización
de los Estados Americanos.
Por otra parte, al Instituto Indigenista Interamericano, con representación
solamente gubernamental, se sumó en la década pasada el
Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América
Latina y el Caribe ya con representación paritaria, tanto de indígenas
como de gobiernos. Ambos organismos requieren hoy de una reestructuración
y reorientación para cumplir su papel de apoyo a los pueblos indígenas.
En
este contexto resulta necesario promover la presencia indígena
en los escenarios bilaterales y multilaterales en los que participa México,
tanto frente a organismos del Sistema de Naciones Unidas y del Sistema
Interamericano, como de cooperación internacional; respaldar los
trabajos del Relator especial sobre la situación de los derechos
humanos y las libertades fundamentales de los pueblos indígenas;
incrementar los apoyos para la difusión cultural otorgados por
la Secretaría de Relaciones Exteriores; e impulsar los trabajos
de los foros, comités y grupos de trabajo con representación
indígena, así como en el seno de las Cumbres.
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