En el marco del Seminario Salud, Diversidad e Interculturalidad, se dio cita en el Auditorio Warman del puic para escuchar la Conferencia titulada “Raíces y hojas: legado de la herbolaria” a cargo de la Mtra. Abigail Aguilar Contreras, quien es Bióloga y Maestra en Ciencias por la unam.
Con una secuencia cronológica, comenzó la Conferencia mencionando que en el siglo xvi se tienen los documentos de Fray Bernardino de Sahagún que corresponden a “La historia general de las cosas de la Nueva España” en donde se encuentran las ilustraciones de las plantas y para qué se usan, además de hablar de otros aspectos de la vida en general. Otro relevante documento de la época (año 1552) es el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, que significa “El pequeño libro de las hierbas de los indios”, se pueden apreciar ilustraciones de manufactura más indígena, teniendo como particularidad que los nombres de las plantas están escritos en náhuatl en el que se especificaban los usos que se les daba.
Otra obra importante y de gran relevancia es la que generó Francisco Hernández entre 1570 y 1577, quien fue médico naturalista de Felipe ii, realizando trabajo de campo en la zona central de México. Esta obra se titula “Historia Natural de la Nueva España” en la que habla de plantas medicinales, comestibles, así como animales y arcillas. La manufactura de las ilustraciones es de un estilo europeo sin contar con el dato de quién las elaboró.
Pasados los años y gracias al contexto histórico del siglo xix, es que se fundó a finales del siglo el Instituto Médico Nacional, en el que un grupo multidisciplinario conformado por biólogos, químicos, médicos, entre otros, estudió las plantas medicinales.
En el siglo xx, se creó un documento titulado “Promoción y desarrollo de la medicina tradicional”, cuyo objetivo fue tomar en cuenta los recursos terapéuticos de la medicina tradicional de México. A raíz de la publicación de este documento, en los años 70 se fundó el Instituto Mexicano para el Estudio de las Plantas Medicinales (imeplam), conformado por un grupo multidisciplinario donde habían antropólogos, historiadores, lingüistas, farmacólogos, biólogos, etnobotánicos, entre muchas otras disciplinas, y por primera vez se creó la revista titulada “Medicina Tradicional” en donde se difundía todo lo que se hacía en el Instituto, por mencionar algunos, la incorporación de plantas que anteriormente no habían sido registradas.
Para la década de los años 80 hubo un trabajo conjunto con el imss-coplamar en el que se llevaron a cabo reuniones con curanderos, se hicieron conferencias para dar cuenta de que muchas comunidades son monolingües y no hay traductores. Este programa tuvo mucho éxito, se llevó a cabo en todo el país; el objetivo fue interrelacionar al médico institucional con los curanderos de los pueblos y visibilizar que hay otras maneras de curar. A través de encuestas generales, se detectaron varias especialidades de atención (parteras, curanderos, hueseros, etc.), qué enfermedades atendían y con qué plantas trabajaban.
En los años 90, ya estaría creándose la Biblioteca de la Medicina Tradicional Mexicana, coordinado por Carlos Zolla, que contiene cuatro grandes obras: Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana, La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México, Atlas de las Plantas de la Medicina Tradicional Mexicana y Flora Medicinal Indígena de México.
Actualmente, la Secretaría de Salud elaboró la “Farmacopea Herbolaria de los Estados Unidos Mexicanos”; la cofepris publicó el documento titulado “Herbolaria de la Tribu Yaqui”, redactado en lengua originaria. Recientemente se está creando la Flora Medicinal de los Totonacos.
puic unam. (2025, 26 de agosto). Raíces y hojas: legado de la #herbolaria | Seminario salud, diversidad e interculturalidad. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=Vybt1pKy6JE


